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* CHEMIN SCABREUX

 "Le chemin est un peu scabreux

    quoiqu'il paraisse assez beau" 

                                        Voltaire 

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Publié par VERICUETOS

**Gonzalo Márquez Cristo por Maldonado**

**Gonzalo Márquez Cristo por Maldonado**

**Un ineluctable en el jardín pleno de la vida**

                                                                                              París, junio 11 de 2016**

                                                                                                         Por Efer Arocha

 

Hay decesos que se ubican más allá de la tristeza y el dolor produciendo un sentimiento de una especie de ira inerme, en razón que el aireado no puede hacer nada ante un hecho trágico que ni siquiera existe un responsable que da origen a la iracundia, porque se ha llevado para siempre a aquél que tenía abundante tiempo para consumir en un futuro de proyecciones creativas. Este es el caso de uno de mis mejores amigos, Gonzalo Márquez Cristo, que en el pleno vigor de la vida en su ser físico y lo que es la mayor pérdida en su existencia eran sus capacidades intelectuales en inicios de floración particularmente en lo que concierne a la creación artística en los distintos géneros literarios. Al ojear de manera rápida su legado escritural un analista agudo descubre que este escritor era un pozo del cual apenas estaba fluyendo un delgado manantial; de ahí que hoy la literatura colombiana se encuentra verdaderamente de luto por la pérdida de una de sus plumas promisorias que el imponderable de la existencia cortó abruptamente.

 

En otro plano, en el de la amistad, tuve la feliz ocasión de conocerlo aquí en París,  cuando vivíamos en la rue Cartault en Puteaux con Rosalba y Filipito, recibimos una llamada de Bélgica de Gonzalo, y después de corto palabreo nos solicitó  solidaridad de hospedaje, pedido que atendimos de inmediato sin objeción; venía en compañía de Amparo Inés Osorio, cómplice de afectos y de andanzas intelectuales. Era el año del 1991, y el otoño daba sus primeros pasos. Habían llegado hasta nosotros por señas dadas en Bogotá por parte de un amigo muy querido, el poeta Jorge Torres. Ellos estaban haciendo un periplo de meses por Europa y entre uno de sus objetivos se encontraba el de conocer París, descubrirle precisos secretos, y también cumplir con tareas trazadas con anticipación; una de ellas por la que tenían vivo interés fue lograr una entrevista con uno de los personajes más leído y de afectos para la intelectual colombiana y latinoamericana, el filósofo Emile Ciorán, quien vivía en el lugar donde prácticamente pasó todo su tiempo en París, muy cercano al jardín Luxemburgo. Los dos estaban muy emocionados desde el día anterior y partieron a cumplir su cometido con suficiente tiempo al iniciarse la tarde. De regreso bebimos abundante vino, y nos dedicamos a hablar del entrevistado y de otros rumanos célebres, como Eugene Ionesco y Tristan Tzara.

 

Tengo un recuerdo muy grato de mi primer viaje a Colombia después de muchos años de haber salido del país. Estando en Bogotá me invitó a su casa atendiéndome de manera inolvidable, allí conocí a su musa con quien compartía vida y soñares humanos. Pilar Duarte, exquisita anfitriona y mujer rebosante de alegría y vida. A ella la había visto de relámpago en la puerta de la  catedral de Nuestra Señora de París posando con su vestido de novia de un blanco impoluto y con bordados envidiables de la época del rey Sol. La verdad es que era una diosa de cuerpo presente. Los pajes, Felipe y Eloísa, cumplieron al rigor su tarea empezando por el ramo de flores y demás obligaciones del caso. Gonzalo vestido con  esmoquin negro a la usanza de la alta nobleza de los duques de Orleans, exhibía una suntuosidad de exigencia, que establecía equilibrio con la severidad arquitectónica del templo; fue un  matrimonio en norma clásica. Lo importante del suceso se centra en la ceremonia matrimonial, ellos contrajeron en un barco que se deslizaba por los lomos del Sena. Oficiaron la ceremonia el poeta Jorge Torres y Alba Betancourt: el primero invocando a Baco, Príapo y todas la divinidades eróticas antiguas y modernas;, mientras que Alba, lo hizo como vestal para significar virtud y pureza, pero sobre todo virginidad imperial como correspondía a las cualidades romanas de pretéritos antiguos. La atmósfera no era la que suele presentarse en tal situación; novios y personajes sagrados se les apreciaba silenciosos y vaporosos como si estuvieran viajando por los confines del empíreo en un éxtasis de interrogaciones.

 

Gonzalo era un personaje que cuidaba con esmero sus comportamientos. Se me hizo que era un escultor que labraba la frase tanto al oral como al escrito, midiendo cuidadosamente contenido en sus significantes y sus efectos sonoros cuando ella se desempeñaba en la oralidad. Me acuerdo que en ese tiempo me dedicaba a la crónica, y estaba escribiendo sobre lo que le sucede a todo aquél que se interne en las profundidades del Amazona, tanto a Gonzalo como a Amparo les parecía inverosímil lo que estaba narrando como son esos gusanos altamente peligrosos que aparecen como una flor de algodón; esto fue motivo para lo que los colombianos denominamos “una mamadera de gallo”, condimento para seguir bebiendo. Gonzalo hizo gala aquella noche de un humor de orquídea por su finura contenida en la delicadeza del sarcasmo. Son esos chistes intelectuales que requieren unos segundos para sonreír o desarticular la carcajada. Un algo que se me quedó grabado de su personalidad fue que parecía tener una aureola de santidad; una pureza ternurosa bañaba su rostro dando la sensación de reflejar los significantes de su segundo apellido, Cristo.

 

Hay un Gonzalo de un rasgo perdurable distinto a su ser físico que ocupa lugar en el espacio y el tiempo, lugar que no es de nadie en particular y ajeno a la anécdota incluida ella en la accidentalidad de la vida de un individuo, es aquello que se encuentra más allá del hecho de que Gonzalo Márquez Cristo haya existido, es lo social en su realización categorial tempo-espacial proyectado como memoria, memoria que es el producto, consecuencia en este caso de su actividad creativa, cuya impronta se encuentra en sus obras a continuación:

 

  • Apocalipsis de la rosa (Poesía, Quimera del oro, Bogotá, 1988)
  • Ritual de títeres (Novela, Tiempos Modernos, 1992. Común Presencia Editores 2012. Libro ilustrado por Fernando Maldonado).
  • La casa leída (Antología universal sobre el tema de la casa, Común Presencia, 1996).
  • El Tempestario y otros relatos (Cuento, Común Presencia Editores, 1998).
  • La palabra liberada (Poesía, Colección Los Conjurados, 2001. Libro ilustrado por Ángel Loochkartt).
  • Oscuro Nacimiento (Poesía, Mención concurso nacional José Manuel Arango, Colección Los Conjurados, Bogotá, 2005. Libro ilustrado por Fernando Maldonado).
  • Grandes entrevistas de Común Presencia (Premio Literaturas del Bicentenario, Colección Los Conjurados, 2010).
  • La morada fugitiva (Poesía, Colección Los Conjurados, Bogotá, 2013. Libro ilustrado por Armando Villegas).
  • El libro de la Tierra, Antología Mayor (101 autores. Selección y prólogo Gonzalo Márquez Cristo, Colección Los Conjurados, Bogotá, 2014. Libro ilustrado por Gastone Bettelli).
  • Las muertes inconclusas (Premio Internacional de Ensayo Maurice Blanchot, 2007. Colección Rosa de Los Vientos, 2015. Prólogo de Antonio Gamoneda. Libro ilustrado por Germán Londoño).

Además de las antologías donde se compila su obra poética:

  • Anticipations (CreateSpace, California, 2011)
  • Liberación del origen (Universidad Nacional de Colombia, 2003)
  • El legado del fuego (Caza de Libros, Ibagué, 2010).

Durante dos décadas ha dirigió y publicó veinte números de la revista cultural Común Presencia.

 

Me enteré de la enfermedad de Gonzalo por una crónica que él escribió publicada en Confabulaciones, la leí con gran dificultad en varias etapas pero no la terminé, consecuencia de mi estado delicado de salud, pués la verdad era que me sentía que estaba ya caminando rumbo al árbol del Ciprés, como dice un verso de un poema del Poeta Ramiro Lagos. Lo entendí y hubo en aquél momento pasajes que me conmovieron por su calidad literaria. No volví a saber de su estado de salud, pensaba que se había restablecido, cuando Torres me llamó en urgencia para darme la noticia de lo fatal. Como un gesto de amigo compungido anexo el texto no terminado y que hoy acabo de leer : http://www.vericuetos.fr/2016/06/cronica-de-un-viaje-al-pais-de-la-muerte-lirica-150.html

 

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