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* CHEMIN SCABREUX

 "Le chemin est un peu scabreux

    quoiqu'il paraisse assez beau" 

                                        Voltaire 

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Publié par VERICUETOS

 

La metáfora vagabunda


Uno de los hechos trascendentales en la vida de Porfirio Barba-Jacob, fue aquel día en que se convirtió en un aventurero de mundos trashumantes. La causa de ello es la muerte de su madre, la auténtica. Nos referimos a su abuela Benedicta Parra de Osorio, hija de Antoñito Parra y Eugenia Giraldo, quien murió el 2 de diciembre de 1905, por quien Porfirio Barba-Jacob habría dado hasta su existencia. Que sea él mismo que nos lo diga:

 

[…] Yo sabía más que nadie de los zafiros de su misericordia, de los crisoberilos de su bondad, de los diamantes de su perdón. ¡Oh, mujer extraordianaria![…]

 

[…] ¡Cómo no aceptar sin protestas dolorosas la paz final de la santa que había robado al patrimonio para socorrer menesterosos, y aún para adorar a Dios en la pompa de sus altares de Corpus, que los hacía tan bonitos! ¡Cómo no advertir que ya reposaba, y que no tendría que descifrar, con sus cándidas interpretaciones domésticas, los enigmas de este Miguel Angel, el nieto de la esperanza, tan raro tan amante! ¡Cómo no creer que la muerte era para tí bella como tu rostro, suave como tus efusiones, tranquila como tu ensueño en los jardines de marzo!…¡Oh, madre mía abuela Benedicta, Benedicta Parra Osorio, […]

 

La muerte de mi madre fue para mí como el aletazo de la aventura. Florecían las primeras rosas apresuradas sobre su tumba, y yo corría en busca de mi Universidad –la Real Universidad del Mundo, […] (26) 

 

En una mañana con luz viva y juguetona, un martes de mayo de 1906, cuando dictaba una clase de geografía, sobre los ríos principales que surcan el territorio colombiano, miraba una a una las caras de sus alumnos descubriendo el nulo interés que prestaban ante sus explicaciones pedagógicas, en el momento de la pausa, conocida como “media mañana”, decidió emprender un viaje en sigilo en dirección de lo desconocido. La partida de Barba-Jacob de su tierra natal, antes que el fruto de una decisión personal, es el resultado de las presiones sociales e intelectuales que le hicieron imposible continuar viviendo en el lugar. Como lo señalamos antes, fue perseguido con saña por parte de los poderes estatales y religiosos. Era tildado como individuo de comportamiento sospechoso y vituperado en correvidiles de las voces a medio tono. En un medio tan estrecho, como es el de un pueblo pequeño, la vida le resultaba insoportable. No tenía alternativa distinta a la de huir, por eso partió en secreto, a pie, siguiendo el hilo de un camino de herradura que lo llevaría a las orillas del río Magdalena. Si emprendía la dirección de río arriba, viajando en contra de la corriente, llegaría Bogotá, ciudad de adversidades y en donde no encontraría nuevos horizontes. Tomó entonces la dirección de la corriente y descendió donde el agua dulce desaparece porque llega al mar, lugar del último puerto del río, y comienzo de la ciudad de Barranquilla.

Y allí, como sucedió más tarde con García Márquez, formó un grupo literario o tertulia como era la usanza de la época, en el salón de una escuela pública, en compañía de Leopoldo de la Rosa, Lino Torregrosa, Miguel Rash Isla y de otros intelectuales barranquilleros que brillaban en la vida cultural de la ciudad. En la tertulia comenzaron a estudiar a los poetas modernistas que dominaban la vida poética en Colombia: Rubén Darío y Guillermo León Valencia. Luego pasaron a Emerson, Guyau, Carlos Marx, Edgard Quinet, Renán y varios poetas simbolistas (27). Algunos críticos y biógrafos coinciden en afirmar que es en ese momento en el cual cimentó su formación poética Porfirio Barba-Jacob, quien en el transcurso de la vida, a causa de sus distintos infortunios, se vio forzado a cambiar de seudónimo, sobre el cual como lo hemos dicho antes, lo utilizaba en función de nombre, puesto que lo usaba en los registros de hoteles y en todas las obligaciones escritas, sin excluir aquéllas donde fuera obligatoria la identificación, sirviéndose de él igualmente para las relaciones sociales. Entre los que encontramos fuentes fidedignas figuran los siguientes: Ricardo Arenales, Maín Ximénez, Arcadio, L. Palafranco, Emeterio sin Patria, Juan sin Miedo, El corresponsal viajero, Junius, Pérez, Juan Pedro Pablo, Salvador Arguedas, Manuel Santoveña, Juan sin Tierra, Raymundo Gray, Juan Azteca, Augusto Paniagua y Califax. (28) 

De la experiencia literaria barranquillera, le quedaría la amistad con Leopoldo de la Rosa que duró muchos años, la cual se rompió por la maledicencia de los comentarios entre grupos poéticos, donde se dijo que Barba-Jacob plagiaba a de la Rosa, a causa de que tanto el uno como el otro, usaron esdrújulos en algunos de sus poemas; hecho que condujo a Barba-Jacob a romper su amistad definitivamente con Leopoldo de la Rosa. Al analizar por el método de poesía comparada, encontramos apenas sí cierta similitud entre la esritura de Barba-Jacob, en sus primeras versiones de algunos poemas, como es el caso de La parábola del retorno, con poemas de Leopoldo de la Rosa. Lo que existió entre ellos fue una amistad entrañable. Eduardo Santa al respecto nos dice:

 

Esa amistad de Barba-Jacob con Leopoldo de la Rosa y el magisterio que éste ejerció sobre aquél, se prolongaría por muchos años con la vivacidad y el fuego de una llama alimentada por el cariño y por la admiración, a un mismo tiempo. Fue esta una de las cosas que más le llamó la atención al poeta guatemalteco Rafael Arévalo Martínez, hacia el año 1914, cuando escribió su conocida obra tituladaEl hombre que parecía un caballo, en la cual hace una radiografía moral e intelectual de Barba-Jacob, […] (29) 

 

Su actividad creativa y su sociabilidad cultural mediante la tertulia, siempre fue perturbada abruptamente por  el espíritu  de Ashaverus  que llevaba en sí mismo y que fue su eterno acompañante mientras vivió. Era un martes, día de malos augurios para los viajeros, marcado en el almanaque con el número veintidós correspondiente al mes de octubre del año 1907. Zarpó de Puerto Colombia, en la ciudad de Barranquilla, navegando en un barco carguero nombrado “El esquife azul” (30), por el Océano Atlántico en la zona denominada Mar de Las Antillas o Mar Caribe. Se sentía un hombre muy feliz, su felicidad no era una felicidad cualquiera; era la del hombre más feliz del mundo. De ella nació un poema que refleja las interioridades del poeta motivadas por el acontecimiento, titulado Canción innominada:

 

Ala bronca, de noche entenebrida,

rozó mi frente, conmovió mi vida

y en vastos huracanes se rompió.

¡Iba mi esquife azul a la aventura!

¡Compensé mi dolor con mi locura,

y nadie ha sido más feliz que yo!

 

No tuve amor, y huían las hermosas

delante de mis furias monstruosas.

Lauros negros mi oprobio me ciñó.

Mas un lúgubre Numen me consuela.

Vuela el tiempo, mi Numen canta y vuela,

¡y nadie ha sido más feliz que yo!

De las tumbas humildes se levanta

leve flor, en el aire un turpial canta

y la tarde es ya el día que pasó.

Mucha calma. Temblor. Melancolía.

¡Todo el dolor y toda la alegría,

y nadie ha sido más feliz que yo!

(Canción innominada)

 

El último verso de la primera estrofa, en el cual su yo singular nos dice, que está en posesión de absolutamente toda la felicidad y por ello nadie puede ser más feliz que él, lo reitera en el último verso de las dos estrofas restantes. Esto nos incita a investigar qué es lo que origina el exceso de felicidad. La clave nos la entrega el verso, /¡Iba mi esquife azul a la aventura!/.

El esquife azul es la simbolización de la muerte de un mundo que ha quedado atrás, que le produce inmenso dolor manifestado en el verso siguiente, el cual es a su vez la representación igualmente simbólica de otro mundo. El mundo naciente que está cargado de incógnitas, de sorpresas, emociones, tristezas y de todo lo que se descubre en el extenso valle de lo desconocido. Es por esto que en el verso quinto de la primera estrofa, encontramos la locura compensadora del mundo nuevo que es el encargado de aplacar y despedir al mundo agónico, que se estremece en aleteos porque ahora es ocaso, para dar el siguiente paso y convertirse en cenizas del recuerdo. Hasta aquí la primera lectura, que es una lectura de superficie.

El poema posibilita otras lecturas de ángulos diferentes, sin embargo, sólo analizaremos el aspecto de las claves encerradas en el tropo felicidad. En todo el poema encontramos el opuesto de la felicidad, el dolor, versificado con diferentes temáticas. Entre ellas está presente una que aparece como demoledora, porque da la sensación de aplastar a la felicidad poetizada; son los versos contenidos en la última estrofa que hacen referencia a su madre, doña Benedicta Parra de Osorio. Ella es la causa principal de su presencia en “El esquife azul”, también es el motivo de la muerte del mundo que está dejando atrás y que va desapareciendo en el mar como se pierde en las aguas marinas la estela del barco en que viaja. La acción de perder de vista lentamente el horizonte para entrar en plena mar, le produce una conmoción interior consignada en el quinto verso, en el que está la presencia directa de un estado de pesar y de dolor, por haber abandonado lo que en su conciencia considera que es positivo en la escala valorativa de su experiencia personal.

El sentimiento de pérdida es compensado en alta mar por esas incógnitas que le reserva la infinitud azul del cielo, al mirar en dirección de la proa. El poeta por primera vez en su vida descubre el mar y realiza un viaje por sus aguas. Para una persona que hasta ese momento sólo había vivido en tierra firme, descubrir la brisa, el oleaje, el bamboleo de la embarcación, el mundo mágico de las aguas saladas; todo esto tiene un impacto fuerte en el subsuelo de su interioridad intelectual y sicológica. El mar es una realidad desmedida en sensaciones que le aportan una rica experiencia sensible a los individuos que se dedican al trabajo del arte. Por esta razón es que Barba-Jacob se revela en el poema en estado alucinante, donde lo contradictorio aflora totalmente.

Colombia es en ese momento para Porfirio Barba-Jacob una especie de carga, un lastre que lo aprisiona y lo tritura. Siente el grueso de los barrotes que lo enmallaban no sólo en su corporidad sino también en sus deseos y en sus sueños. Colombia aparece como esa angustia que lo dentella para destruirlo, mientras que la locura que simboliza el verso se encuentra en la proa que se satura de ansiedad por lo nuevo y lo desconocido, donde lo emocional alcanza la máxima tensión por el solo hecho de pensar en el descubrimiento y en las complejidades de los mundos que lo aguardan. El anhelo se desborda, la imaginación traspasa líneas para ensoñarse en la fantasía porque estamos frente al momento de un mundo que agoniza, mientras que otro presagia su nacimiento. El poema es la impronta que cierra el sobre con el lacre de lo desconcido que es la de liberar al prisionero de esa tierra que lo constriñe. Este hecho resulta determinante para comprender la motivación ingénita de aventurero que en su interioridad llevaba Barba-Jacob. Cualidad indispensable en todo trotamundo, donde la errancia es un movimiento perpetuo. Aquí el movimiento es portador de la esencia de la libertad, condición sine qua non de la vida aventurera. “El esquife azul” es entonces el primer paso de la osadía juvenil, la bebida que calma la sed de descubrir geografías ignoradas, que albergan pueblos con valores de cultura y civilización diferentes a los de la tierra aborigen. En el plano de la simbolización el poema Canción innominada es una condensación de registros emocionales donde lo humano desborda el verso, la estrofa y hasta el mismo poema. La imagen poética aparece como una sinfonía de paisajes del universo de las sensaciones individuales. La metáfora es absorvida por la erupción del material que la construye, donde confluye cada lector con sus vivencias interiores para establecer con el texto un diálogo, no en el plano de las palabras sino en el campo de los sentimientos.


Dejándose llevar por su destino


Costa Rica fue el primer país visitado por Barba-Jacob, donde permaneció muy poco tiempo y los registros de su presencia son prácticamente inexistentes en materia poética. Costa Rica en aquella época, según el decir de sus poetas y literatos, literariamente daba la sensación de ser el nombre de una división de la compañía norteamericana especializada en frutas, -la United Fruit Company-, que extendía sus dominios en toda la región centroamericana, porque los únicos que leían poesía eran los peluqueros.

Lo que se puede afirmar es que entró a ese país por el Puerto Limón, y en poco tiempo se encontraba en la ciudad de San José, su capital. Información dada por un periódico de San José, denominado El Noticiero, ya citado en una de las páginas anteriores, en nota de pie de página. La crónica del diario lo reseña como el poeta colombiano Ricardo Arenales, autor del poema La tristeza del camino. El poeta aporta conceptos nuevos a la poesía, según lo sostiene el articulista. Además informa que viene en una misión gubernamental en representación del departamento del Atlántico de su país. Esto último debió ser un recurso para abrirse un espacio en lo social, administrativo o con otros fines prácticos, pero carece de toda veracidad como lo afirma Fernando Vallejo en la biografía de Barba-Jacob. Al mismo diario pertenece la información divulgada el 15 de diciembre de 1907, donde informa que el poeta Ricardo Arenales salió rumbo a Cuba en el vapor inglés llamado “Reventazón”, un barco carguero que hacía escala en Jamaica. El mismo Porfirio Barba-Jacob nos lo confirma:

 

Dejé las tierras délficas de Colombia, y con su melodía en el corazón vine a Costa Rica. El país estaba en paz y se comía muy buenas chuletas en casa de una señora llamada Julia. Gustó mucho a unos peluqueros mi Parábola del retorno, que había compuesto yo en Barranquilla y que posteriormente hube de incorporar en el Maín Ximénez. Gustó también a aquellos amigos un verso “El alma traigo ebria de aroma de rosales…” –no menos grato a Fernández Ledesma–, germen de una canción de 1908. La mañana en que llegué a Kingston, aún entre la media luz, era fragante como la cabellera de Eva, como el beso de América en la frente de Cristóbal Colón, el 12 de octubre… ¡Oh, poesía del tránsito! ¡Oh, dulce vida! (31) 

 

Su presencia en esta Isla, sólo se ha podido constatar por la dedicatoria en uno de sus poemas, Tragedias en la oscuridad. “A la memoria de aquel amigo silencioso con quien departí en Kingston, sobre las ruinas de la ciudad y en una playa del océano; que no pide  lógica a la emoción y sabe que la unidad de pensamiento pertenece exclusivamente al poeta”. En forma indirecta encontramos una segunda prueba. El poeta guatemalteco Arévalo Martínez, entrañable amigo de Barba-Jacob, quien escribió un relato basado en la vida del poeta, describe un episodio donde mujeres negras jamaiquinas persiguen desnudas al protagonista, Señor de Aretal. Código literario de Barba-Jacob. No se logró establecer ni la fecha ni cómo partió de este territorio.

Llegó a Cuba donde pasó una temporada breve. Según Beatriz Cuberos, allí conoció a los trovadores colombianos Franco y Marín, artistas que difundieron en Cuba y México las canciones del folclor colombiano, como “El Pasillo” y “El Bambuco”. En esto hay una contradicción con el biógrafo Fernando Vallejo, porque él afirma que Franco y Marín eran pasajeros de “El esquife azul”, el día que Porfirio Barba-Jacob se embarcó en Puerto Colombia con destino a Centroamérica. Entonces si la afirmación de Fernando Vallejo es cierta, se conocieron en el barco. Sin embargo, el poeta en “La divina tragedia” afirma que los conoció en Cuba.

Lo que se puede afirmar es que en este primer viaje a Cuba, el poeta conoció al escultor y pintor Marco Tobón Mejía, colombiano, antioqueño y que naciera también en Santa Rosa de Osos como Porfirio Barba-Jacob. El poeta lo confirma extensamente haciendo un amplio elogio de sus calidades y cuenta de sus triunfos en París como escultor. Tobón Mejía era el ilustrador de la revista literaria El Fígaro, administrada por el intelectual Ramón Catalá (32) quien fuera amigo de Barba-Jacob, al igual que el director, el poeta cubano, el más famoso de su tiempo, Manuel Serafín Pichardo (33). 

La Habana no albergó a Barba-Jacob o Barba-Jacob no se amañó en esa tierra, lo cierto es que al poco tiempo de llegar concibió la idea de viajar a México. No se logró establecer una prueba directa del tiempo ni de los medios utilizados, todo lo que se sabe es por testimonios orales registrados en páginas biográficas, como es el caso de Alfonso Hernández Catá, íntimo amigo de Barba-Jacob, quien afirma haberlo embarcado desde La Habana en ruta hacia México, con los trovadores Franco y Marín, y el pintor Marco Tobón Mejía. En México los dos primeros se fueron para Mérida y el pintor Marco Tobón Mejía para Francia. Esta afirmación es aceptada por los biógrafos de Porfirio Barba-Jacob, incluyendo a Fernando Vallejo y Beatriz Cuberos de Valencia (34). Sobre Hernández Catá, Barba-Jacob tenía el mejor recuerdo de su paso por Cuba, puesto que éste lo ayudó en forma material y lo estimuló en el campo del arte.

 

[…]tenía enemigos de verdad –no solapados como los míos de Barranquilla– y lo acababan de nombrar cónsul de No-sé-dónde, costas de Francia. Alfonso creyó en mí, me ayudó, me alentó. Fue el primer literato de los que yo traté hasta entonces, que no tuviese resabios ni excesos de vicio, ni pereza, ni vanidad, ni envidia. Su talento me marcó la ruta de México, y vine a México. Yo tadavía no sabía francés. (35)

 

Cuba tenía un algo que atraía a Barba-Jacob, puesto que éste regresó en varias oportunidades. Siempre fugaz y efímero como los registros de sus pasos dejados en ese territorio. Para la primavera de 1930 regresó una vez más cargado de historias y siempre trágico, zurciendo un anecdotario a través de las peripecias que se ingeniaba cada día para sobrevivir. El intelectual y político Raúl Roa que lo conoció en aquella oportunidad, y luego fue su amigo, en una primicia literaria concedida al diario El Tiempo, para su suplemento de lecturas dominicales, hace un extenso testimonio de sus malabares de subsistencia y de sus gajes poéticos. Cuenta Roa, que alquiló una lujosa habitación en un hotel de primera categoría y en el registro de huépedes se inscribió como joyero internacional con el objeto de abrir las  puertas  del  crédito. El  artificio  le duró  muy poco  porque al no poder abonar a la cuenta fue denunciado, y no terminó en la cárcel porque los intelectuales y artistas cubanos intervinieron ante el inspector de policía encargado del caso. Entonces el representante de la ley lo expulsó del lujoso hotel indicándole la dirección de un hotel de pésima categoría, donde Barba-Jacob se instaló satisfecho luego de haber firmado un cheque posfechado, como garantía de una promesa por un presunto pago en el futuro, el que extrajo de uno de los expedientes que se encontraba en la oficina del inspector.

José Tallet encomendó a Fernando Ortiz buscar un trabajo apresurado para el visitante logrando organizarle un ciclo de conferencias y un recital en el Instituto Cubano de Cultura, para que con esos ingresos pudiera pagar el nuevo hospedaje. Narra Raúl Roa, que Enrique José Varona había hecho una nota para el Repertorio Americano donde se informaba sobre la muerte de Barba-Jacob. En los medios culturales de la Isla lo consideraban fallecido, los primeros que se sorprendieron fueron aquéllos que lo vieron en auto dando vueltas por la ciudad como un loco. Roa lo conoció ese día en el periódico El Mundo y nos describe su semblanza:

 

[…] Era, sin duda, el Ashaverus de la poesía americana. Como este héroe del “trágico mito del amor y la expiación, condenado a padecer y sudar sangre por haber injuriado a Jesús en su camino del Calvario”, Barba Jacob erraba por el mundo entre sombras y abrojos, zozobras y dudas, pesares y miserias, en duelo permanente con el cielo, lanzando a su faz alaridos y blasfemias, en tanto le rondaba la muerte y lo sacrificaba todo por una frase ingeniosa, una rima perfecta, un suculento guisado o un vicio nefando. Volvía a la Habana, en la etapa última, de un largo y frustrado peregrinaje en pos de lo imposible, de la ciudad soñada,...[…] (36)

 

 

SU SEGUNDA PATRIA, en tierras de México 

 

“En tierras de México” es el título que Barba-Jacob pusiera a un artículo que publicó el 14 de junio de 1908, en la revista que dirigía el poeta Urbina, denominada El Mundo Ilustrado. En él, el autor cuenta su llegada a la capital. En este artículo el investigador literario encuentra una prosa marcada por frases barrocas que contienen un lirismo evanescente. El texto analizado desde la perspectiva periodística muestra ya el germen de un estilo que merece el adjetivo de maravilloso, el cual se confirmará en su subsiguiente obra periodística.

La vivencia de su llegada a las tierras de los antiguos aztecas quedó marcada por la dificultad y la miseria económica que era su compañera permanente. En el Puerto de Veracruz, por donde entró al país por primera vez, sin trabajo y sin dinero, aguardó durante un mes para conseguir un pasaje de segunda clase, en un tren con destino a la capital. Haciendo uso de su inventiva, donde la maña, la mentira y la trampa, son métodos legítimos en la dura lucha por la sobrevivencia de quien ha escogido la aventura como su forma de vida. Para eludir el pago de la cuenta en un hotel sin ninguna calidad, hizo uso de un recurso que en otras ocasiones había sido muy eficaz. Cuenta Jorge Flores que cuando Barba-Jacob fue a sacar la valija del hotel, de propiedad de un español, usando el argumento de que le enviría el monto de la cuenta por los servicios de dormida y comida por intermedio del correo desde la capital, propuesta que el español rechazó airado negándose rotundamente. Ante la negativa Barba-Jacob contra argumentó dando nuevas razones, pero el español seguía empecinado. Ante el fracaso el poeta invocó a dios y a todas las divinidades del santoral católico y empezó a lanzarle maldiciones a su negocio, mujer, hijos y también a él. Sus palabras en lenguaje religioso eran tan convincentes que obligaron al propietario a entregarle su baúl y a condonar la deuda (37).

Porfirio Barba-Jacob era un hombre que se orientaba en sus acciones por la intuición y el azar, esto lo encontramos cuando se vió obligado a tomar la determinación de partir para Monterrey o para Guadalajara, ciudades que desconocía y donde no tenía ningún apoyo ni amigos. Entonces tomó una moneda y dijo: Aguila, Monterrey; sol, Guadalajara. La lanzó al aire, saltó varias veces en el piso para luego irse rodando y finalmente en el centro de una sala vetusta pero cargada con luz clara, se dobló y quedó un águila mirando al cielo (38). Un suceso como el anterior presenta características de anodino, debido a que se confunde con lo lúdico y también con lo absurdo. Ambos aspectos son parcialmente ciertos. De lo que aquí se trata es que se juega el futuro y la vida, como lo escribiera en versos un compatriota suyo, León De Greiff, en el poema Relato de Sergio Stepansky:

 

[…]

Juego mi vida, cambio mi vida,

[…]

La juego contra uno o contra todos,

la juego contra el cero o contra el infinito,

la juego en una alcoba, en el ágora, en un garito,

en una encrucijada ,en una barricada, en un motín;

la juego definitivamente, desde el principio hasta el fin,

a todo lo ancho y a todo lo hondo

–en la periferia, en el medio,

y en el sub-fondo...–

[…] (39)

(Relato de Sergio Stepansky)

 

El poema de León De Greiff, Barba-Jacob lo llevaba en sus venas en la pasión del arte; el criterio del azar corresponde plenamente a su lógica de abordar y entender la realidad. Por esto es que cada poeta presenta en su conducta o en su personalidad, algo que no encaja en las actuaciones del hombre común; es lo que en sociología se denomina conductas atípicas. Lo atípico en Barba-Jacob se encuentra permanentemente en todas las empresas en las que participó, hayan sido éstas económicas o intelectuales. Sobre el viaje a Monterrey él mismo nos dice:

 

[…] El campesino que había en mí se asustó con el estruendo de la capital mexicana, y me encaminé a Monterrey. Aquella ciudad me fue materna, y a su estímulo cordial empecé a trabajar. ¡Qué terneza, qué vaga esperanza, qué divina ceguedad había en mi corazón. Me extasié en el goce de aquellas montañas únicas, todo el imperio de la fantasía de la tierra, todo el caudal de matices de luz refractada y envolvente, todo el símbolo, toda la fuerza…[…] (40)

 

 

El susto lo condujo a Monterrey

 

Recién llegado a Monterrey encontró trabajo en el periódico El Espectador. No logramos establecer la fecha de su vinculación, ni tampoco hallar la prueba de algún texto periodístico, en su condición de reportero o de editorialista, porque el diario fue incendiado y sus archivos se quemaron en los azares políticos que México vivía en esa época. La publicación era auspiciada por el gobernador de Nuevo León, el general Bernardo Reyes, y quien gobernaba el estado desde 1885. Personaje de peso político nacional y uno de los más fervientes seguidores del Presidente Porfirio Díaz. Lo atípico de Barba-Jacob lo encontramos cuando por falta de información, él mismo se convertía en noticia; creando polémicas innecesarias y atacando a todo personaje poderoso de la región que se le cruzara por su imaginación. Forma de proceder con la cual no solamente hizo clausurar El Espectador; sino que fue detenido y encarcelado desde el 23 de julio de 1910, hasta el 10 de enero de 1911, en la penintenciaría de la ciudad; acusado por haber difamado a un norteamericano lo suficientemente poderoso para hacerlo encarcelar. En ese momento era director del periódico. La prueba se encuentra en una carta que Celedonio Junco escribió a José López Portillo, abuelo del que sería más tarde Presidente de México. El poeta y periodista Eduardo García Aguilar, en un documento inédito, cuyo original está en posesión del autor, basado en la primera recopilación de la obra periodística de Barba Jacob, escrita en México en 1983, con motivo del centenario de su nacimiento, titulado Orientaciones para violar el sarcófago periodístico de Porfirio Barba Jacob, cita apartes de la carta en referencia:

 

[…]«las oficinas de este diario El Espectador fueron selladas y clausuradas por orden judicial, y su director – Ricardo Arenales – quedó detenido en la penitenciaría, acusado, a lo que parece, por un norteamericano que se dio por difamado en reciente artículo. El suceso es para mí más deplorable cuanto que llevo íntima y cordial amistad con Arenales, un joven colombiano de altísimo talento, escritor admirable, de una laboriosidad que no sabe sentir fatigas, fuerte, con la fortaleza de la juventud, y que ha realizado una obra de mexicanismo tan bella y tan generosa, desde que se encargó de El Espectador, como yo no lo había presenciado antes». (41)

 

Esta es una de las versiones que se aceptan históricamente. Sin embargo, un historiador de Monterrey, José Saldaña, presenta un testimonio distinto. Cuando el general Bernardo Reyes, en funciones gubernamentales en París, envió su renuncia a la gobernación del Estado de Nuevo León; Porfirio Barba-Jacob publicó en El Espectador, el retrato partido por la mitad, del nuevo gobernador, general José María Mier. Esta ironía sumada a otras fue lo que determinó el cierre de El Espectador y el encarcelamiento de su director. El anterior pasaje lo confirma Fernando Vallejo en su biografía novelada del hombre que se suicidó tres veces (42).Teniendo en cuenta el poder omnímodo, que se ejercía y aún se ejerce en México, por parte de los altos funcionarios del Estado, se concluye sin temor alterar la verdad histórica, que fue el gobernador de Monterrey quien clausuró El Espectador e hizo encarcelar a Barba-Jacob.

Es a partir de la experiencia periodística en El Espectador, que Barba-Jacob penetra el mundo de la información escrita al más alto nivel; tanto en México, Centroamérica, Perú y Colombia. Hemos logrado comprobar por investigación directa en los archivos la existencia de una parte de sus artículos escritos en esa ciudad. Nuestro interés en su obra periodística tiene varias razones. En el caso de Porfirio Barba-Jacob su escritura poética se conecta e inclusive se funde en algunos aspectos, con el texto periodístico, como es en el caso del recurso técnico. Lo mismo sucede a la inversa. Sus crónicas, reportajes o artículos son en ocasiones frases en verso, titulares versificados, y en cuanto al estilo periodístico se refiere, lo dominante en él, son los rasgos poéticos que permiten afirmar que su prosa es poética. De otra parte, la palabra periodística fue el sustento material, en el sentido económico de la palabra poética. Sin la presencia de esta palabra, el verso de Barba-Jacob no hubiera sido el poema que nos legó, porque otra profesión u oficio podría haber privado al poeta de esa vivencialidad que le aportó tantas riquezas, en el mundo de las sensaciones y del conocimiento de lo humano. Un tercer aspecto que encontramos al iniciar el presente trabajo, fue el hecho de que la visión escritural de la obra del poeta a la altura de la investigación de hoy, es parcial y por lo tanto restringida, debido a que no se ha tenido en cuenta, por parte de los especialistas, su obra periodística. La que desde el punto de vista lo literario, es tan interesante al igual que su obra poética. Como el campo resulta tan vasto en esta dirección, de nuestra parte nos limitaremos a identificar sus escritos periodísticos en los límites de nuestro trabajo y a señalar los medios donde escribió.

 

REFERENCIAS

 

26) SANCHEZ GIRALDO, Jairo, “Seudónimos de Miguel A. Osorio B., in Revista del Centenario de Porfirio Barba-Jacob, N° 4, 1883-1983 Santa Rosa de Osos: julio 1983, p. 6.

27) SANTA Eduardo, op. cit., p. 68.

28) Por sobre las fechas y los hechos externos que la configuran, la biografía profunda de Porfirio Barba Jacob cabe toda en esa simple primera estrofa de su “Canción Innominada”. El esquife azul partió de Puerto Colombia, Barranquilla, el martes veintidós de octubre de 1907 al amanecer. El viernes veinticinco a las siete de la mañana según información de un periódico de San José, El Noticiero, ancló en Puerto Limón, Costa Rica, el vapor italiano Venezuela procedente de Puerto Colombia, con treinta y cinco pasajeros entre los cuales figuran Miguel Angel Osorio y Franco Marín. En la carga del barco venían cuatro sacos de correspondencia, veintiún canastas y veinticinco paquetes. Por la duración del viaje cabe pensar que el Venezuela hubiera hecho escalas en Cartagena y en Colón, Panamá, antes de llegar al puerto costarricense. Franco Marín es un error de imprenta. Ese nombre no oculta un viajero sino dos: Franco y Marín, trovadores colombianos, cantantes de pasillos y bambucos. […], VALLEJO, Fernando, Barba Jacob – el mensajerobiografía, op. cit., pp. 60-61.

29) BARBA-JACOB, Porfirio, «La divina tragedia», in Obras completas, op. cit., p. 366.

30) CUBEROS deVALENCIA, Beatriz, Porfirio Barba Jacob, op. cit., p. 12.

31) VALLEJO, Fernando, Barba Jacob – el mensajero – biografía, op cit.,  p. 62.

32) Ibid., p. 63. y CUBEROS de VALENCIA Beatriz, Porfirio Barba-Jacob, op. cit., p. 12.

33) BARBA-JACOB, Porfirio, «La divina tragedia», in Obras completas, op. cit., p. 367.

34) ROA, Raúl, “Barba-Jacob visto por Raúl Roa parecía un caballo”,Periódico El Tiempo, suplemento Literario, Lecturas dominicales, Bogotá: junio 18 de 1982.

35) Ricardo Arenales le refirió a don Esteban Flores, y éste a su vez a su hijo Jorge quien ahora lo recuerda, que  cuando llegó de Cuba a Veracruz debió permanecer en esta ciudad un mes, sin dinero, hasta que logró conseguir un boleto de tren, en segunda, para continuar su viaje hacia México. Fue entonces a despedirse del dueño del hotel de ínfima categoría donde había vivido, un español que le retenía el baúl de su ropa, y a rogarle que aceptara que le enviara el pago de cuanto le debía desde la capital. El español se negaba, y Arenales empezó a maldecirlo, a él, a su mujer y a sus hijos, con palabras tan terribles que el hombre, muy pálido, le permitió que retirara el baúl para detener la tempestad de injurias. Arenales lo contaba riéndose de su cinismo.

Rueda el tren por la tierra extendida, limpia y clara, abierta en surcos donde germinan las semillas. Avanza por valles y huertos en flor bajo un cielo sereno. Es fácil de suponer el estado de exaltación en que viene el joven de veinticinco años aún no cumplidos, con sus sueños de gloria. VALLEJO, Fernando, Barba Jacob – el mensajero – biografía, op. cit., p. 63.

36) El viaje a Monterrey lo decidió una moneda. La mañana de año nuevo de 1932, en una reunión de amigos en casa de Rafael Heliodoro Valle, Barba Jacob, hablando de su pasado, de las gentes que conoció, de los peligros que le acecharon, de los proyectos que hizo y deshizo, contó lo siguiente: “La primera vez que vine a México no pude encontrar trabajo durante varios días. Tomé una moneda y dije: ‘Aguila, Monterrey; sol, Guadalajara’. Y salió águila. Y me fui para Monterrey y entré de redactor en El Espectador, ganándome el afecto de quien lo dirigía, el doctor Ramón Treviño.”, Ibid., p. 65.

37) DE GREIFF, León, Relato de Sergio Stepansky, publicado en edición bilingüe en la Revista literaria Vericuetos, N° 2, Paris: 1991, p.6.

38) BARBA-JACOB, Porfirio, «La divina tragedia», in Obras completas, op. cit., pp. 367-368.

39) GARCIA AGUILAR, Eduardo, Orientaciones para violar el sarcófago periodístico de Porfirio Barba Jacob, texto inédito en posesión del autor, escrito con el motivo del centenario del nacimiento del poeta, basado en la primera recopilación de la obra periodística del poeta, en México: 1983, pp. 2-3.

40) VALLLEJO, Fernando, El mensajero – La novela del hombre que se suicidó tres veces, Bogotá: Planeta, primera edición, 1991, p. 70.

41) CUBEROS de VALENCIA, Beatriz, Porfirio Barba Jacob, op. cit., p. 12.

42) VALLEJO Fernando, Barba Jacob – el mensajero - biografía, op. cit., p. 85.

 

                                   SUITE :    Porfirio Barba-Jacob, periodismo en Monterrey, suite 3    

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faith 08/04/2014 16:31

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