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* CHEMIN SCABREUX

 "Le chemin est un peu scabreux

    quoiqu'il paraisse assez beau" 

                                        Voltaire 

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Publié par VERICUETOS

Porfirio Barba-Jacob como educador en Guatemala   

 

Jairo Tobón Baena escribió un artículo con motivo del centenario del nacimiento del poeta, titulado “Porfirio Barba-Jacob llevaba el magisterio en el alma y en la sangre” (95). La calificación de maestro, en la realidad empezó ejerciéndola en Angostura cuando fundó el “Jardín Infantil”; en Guatemala lo hizo como profesor universitario en la Universidad Popular; en México fue profesor de la Escuela Normal en Chilpancingo, y también bibliotecario. Y en esa forma fue maestro en distintos lugares y países.

Durante toda su vida esta vocación se manifiesta de distintas maneras; una de ellas fue casi obsesiva. Consistía en lanzar una idea abiertamente y luego pasar a estructurar el proyecto de la misma idea, divulgándolo públicamente con el objeto de crear instituciones educativas para el pueblo, a nivel de la primaria, secundaria, institutos especializados y también universitarios.

La creación de estructuras educativas las promovió en México, Cuba, San Salvador, Honduras y Guatemala. En este último país tenemos el ejemplo de la Universidad Popular de Guatemala, idea que después de una ardua promoción y organización de su parte, se hizo una realidad en julio de 1922, y él la anunció como una noticia fresca, el 7 de agosto de 1922 en El Imparcial:

 

En una breve nota aparecida en El Imparcial el 7 de agosto de 1922, supongo que fue redactada por Barba-Jacob, se anuncia la idea de crear la Universidad Popular, digo supongo porque la iniciativa fue presentada por él y acogida por intelectuales guatemaltecos y estudiantes universitarios.

 

La institución, dice la nota, no seguirá modelos extranjeros sino responderá a las especiales circunstancias y costumbres del país y a sus pocos recursos económicos.

[…]

En sus planes de estudio señala como cursos libres la enseñanza del inglés, la física, la química, la teneduría de libros, la lectura comentada de historia de América, pedagogía doméstica “…tan necesaria y olvidada”; higiene del trabajo y otras disciplinas prácticas y de inmediata aplicación en la vida cotidiana. Se añade a tales cursos, aunque no de carácter preferencial, algunos de índole literaria.

 

Se informa igualmente el propósito, a modo de ensayo, de fundar dos escuelas nocturnas para adultos analfabetos.

 

Se mencionan a Fernando E. Sadoval, al poeta Wyld Ospina y a Ricardo Arenales para impartir clases gratuitamente. (96) 

 

El acta de fundación se realizó el 20 de agosto del mismo año y está firmada por connotados intelectuales de la época y el poeta firmó con el nombre de Ricardo Arenales. Obtuvo personalidad jurídica el 30 de noviembre de 1923 y se inauguró a los pocos días. Transcribimos en pie de página, los nombres de las rúbricas del Acta de Fundación y el párrafo que corresponde a las personas que intervinieron en el acto inaugural (97). 

En reconocimiento a la iniciativa de su creación y participación, como también por su labor docente benévola, desde el 1° de marzo de 1947, una de las aulas lleva su nombre. La Universidad Popular es hoy una institución de prestigio en ese país.

Barba-Jacob además ejerció su magisterio utilizando un mecanismo distinto al de la docencia. Durante su existencia por donde iba pasando, dictaba seminarios sobre diferentes temas, organizaba ciclos de conferencias sobre un tema bien definido para despertar el interés en el campo del saber, y con ello avivar los cerebros adormilados en las geografías visitadas. El poeta logró un prestigio tal en este campo, que en su tiempo le generaba emolumentos de significación, no obstante el estado de analfabetismo generalizado en las naciones visitadas y por ello la falta de interés por los temas de caráter intelectual.

Hacemos uso de una carta fechada en Monterrey el 25 de dicembre de 1930, donde él mismo nos habla sobre este tópico:

 

[…] El 17 del mes, día en que usted me escribía recibí la carta a la cual me he referido, vinieron los estudiantes, por la mañana, a suplicarme que tomara parte en la conmemoración de la muerte de Bolívar, que debía efectuarse esa noche en el Teatro Independencia. No podía decirles que no, y aunque estaba muy ronco, tuve que ir a hablar. El Teatro, que es muy grande, se hallaba colmado, pues la entrada era gratis. Hice una verdadera conferencia sobre la vida del Libertador: estuve hablando como hora y media. Me apludieron mucho y me felicitaron después con mucho cariño.

 

El sábado pasado dicté una conferencia sobre “viajes por Centro-América” en el Salón del Círculo Mercantil Mutualista, que es una gran institución de aquí. También fui muy aplaudido. La diferencia entre las dos fiestas estuvo en que el Círculo me pagó $200.00. lo cual me permitió girarle a mi hijito los treinta dólares que ya habrá recibido. Ahora el mismo Círculo va a ayudarme a llenar el salón, ya por mi cuenta, para dar otra conferencia.[…] (98) 

 

El magisterio se hizo también extensivo a la poesía y a la literatura a través de los grupos literarios y las  tertulias que  cumplían la función de  talleres, donde

se estudiaban los textos de los distintos participantes haciéndole cambios, agregados o suprimiéndole lo que se consideraba superfluo o innecesario. En estas instancias se analizaba la literatura extranjera, muy particularmente la europea, y se exponían igualmente teorías literarias locales, enfoques estéticos, empezando por los del poeta que eran novedosos por su originalidad.

En esta agitación intelectual de fundador de instituciones educativas, promotor de cultura, matizado con la tarea de procurarse el sustento, fue expulsado de Guatemala, porque sus juicios tanto políticos como los emitidos en los distintos planos de la actividad intelectual, contradecían profundamente el pensamiento oficial. Agregado a esto el comportamiento individual de Porfirio Barba-Jacob, en relación con las costumbres y la tradición de una estructura social conservadora, tradicional, pacata e hipócrita; entraban en un choque frontal por sus antagonismos, sus acciones provocadoras que tenían la inofensiva intención de llamar la atención, que en lo prohibido se encontraba una parte de las delicias de la vida. Arguyendo lo anterior de manera eufenística, porque la verdadera razón, la constuía el hecho de que el poeta era un clavo punsador en el zapato de la política guatemalteca. Fue expulsado por orden del general Jorge Ubico, siendo presidente de la República José María Orellana.

Barba-Jacob en su condición de libre pensador, era un hombre consecuente entre pensamiento y práctica del individuo. En su vida personal defiende abiertamente su condición bisexual, asunto que era una osadía para la sociedad de su tiempo. Esto no le resulta suficiente, sino que proclama a los cuatro vientos su condición judía; con ello enfurece a los jerarcas de la iglesia católica, y para cerrar la ofensa se declara ateo militante. Lo último, al igual que el uso de los psicotrópicos y las tertulias etílicas sin haber visto la noche pasar, fascina a los intelectuales que carecen del poder de dicisión. En cambio enoja enardecidamente al gobierno y a las capas dominantes de la sociedad guatemalteca.

La conducta anterior, que los detractores del poeta califican de disoluta, pero que los críticos la consideran como la fuente de inspiración, entre quienes se encuentran los que van más lejos, como es el caso de Andrés Holguín, analizando los contenidos de su poesía, sostiene que Porfirio Barba-Jacob, es un romanticista en la vida y nos dice:

 

[…]si queremos precisar el sentido del clasicismo y romanticismo, hemos de buscarlo en el hombre. Ni en el momento histórico ni en las características formales del verso ni siquiera la temática de un poeta puede darnos solución alguna. Es necesario llegar al hombre mismo; a su posición frente al mundo. […]

 

[…]la lírica de Porfirio Barba-Jacob. El gran poeta colombiano se siente demoniacamente[…]

 

[…] Esta lírica nace, pues, al ser vivida. En el campo o en la ciudad, en el café o en el hospital, en el éxtasis del amor o en medio de la pasión sexual, en el tedio de los días monótonos o en la tensión de instantes de delirio. Allí nace, y, germinando en el alma del poeta, éste nos la devuelve con una exacta fidelidad. Esto, desde luego, vincula a la poesía de Barba-Jacob a la sensibilidad y no a la inteligencia.[…] (99)

 

Andrés Holguín analiza la obra de Barba-Jacob, estableciendo una relación entre la vida, en su condición de individuo y su obra poética. En su artículo encontramos varias conexiones en este sentido. La vida del poeta que se caracteriza por los sufrimientos de las carencias materiales, padecimientos por las persecusiones políticas, dolores soportados en razón de sus conductas sociales atípicas, conduce a buen número de los analistas de su obra, a encontrar la clave de sus versos desgarrados y transidos por múltiples angustias en la existencia personal.

 

 

Tercer viaje a Guatemala 1923

 

El tercer viaje puede destacarse por su actividad de crítico literario. Por lo demás sus actividades no difieren de las anteriores estadías.

En su condición de crítico literario, Barba-Jacob hace una crítica al libro de Gustavo Alemán Bolaños, sobre la juventud de Rubén Darío, escrita en el Diario de Centro América el 7 de abril de 1923, la que también fue utilizada como prólogo de un libro sobre Rubén Darío. En ella discurre sobre el aspecto original del poema, de las tribulaciones, los éxitos, el porvenir de Rubén Darío, y toda una serie de valores del poeta nicaraguense, como sus calidades periodísticas, su generosidad, el aspecto romántico y lírico de su poética …

Sobre Benavente dicta una conferencia donde analiza con extremo rigor la obra del dramaturgo español. Destaca sus calidades como persona y lo sitúa dentro del contexto histórico español. La obra y la personalidad del escritor las valora de manera objetiva. Luego escribe un texto irónico en El Imparcial del 2 de Junio de 1923, titulado “La tristeza de Benavente”. El artículo lo inicia de una manera contundente, le dice al lector que él no conoció a Benavente porque no quiso tratarlo, lo describe en un comedor esparciendo aromas de la solapa del saco y de su copa de vino, autografiando tarjetas, álbumes; sin que brotase de sus labios ni una sola palabra o una sonrisa. Lo retrata introvertido, solitario y poco comunicativo. Lo vapulea por haber estado cerca de la ciudad más bella de América y no haber tenido la iniciativa de pasar a visitarla; alude a la Antigua Guatemala. Su artículo está hecho para hacer saborear al lector un momento de una agradable lectura, en nombre de don Jacinto Benavente.

 

Barba-Jacob en la memoria de los guatemaltecos

 

Es indudable que Barba-Jacob marcó una impronta en el periodismo guatemalteco para que alcanzara un nivel acorde a las exigencias modernistas. En el campo de la poesía y de la literatura sucedió lo mismo, lo dinamizó mediante sus críticas, juicios, renovándolo. Lo que resulta en cierto sentido determinante, es el de haberle dado un impulso hacia el futuro, como lo reconoce José Mejía en la obra crítica de Rafael Arévalo Martínez, al que citamos en pie de página (100). En la vida cultural fue el centro de polémica por sus cuestionamientos y sus posiciones radicales frente a las corrientes literarias tradicionales.

Los guatemaltecos han dedicado variedad de ensayos sobre su obra y persona, han hecho libros como el de William Lemus, Psicoanálisis del hombre que parecía un caballo; Fedro Guillén, Barba Jacob el hechizado; Hugo Cerezo Dardón, Porfirio Barba-Jacob en Guatemamala y en el recuerdo. El premio Nobel de Literatura, Miguel Angel Asturias, hace una semblanza mediante una secuencia de imágenes narradas de riqueza literaria incontestable, de una de esas tantas visitas que el escritor le hizo a Barba-Jacob, visitándolo en su hotel. Por la importancia de su apreciación consignamos dos grandes párrafos:

 

BARBA-JACOB, EL HECHIZADO

 

Miguel Angel Asturias

 

En mi Guatemala lo conocí. Era proceloso y hondo. Cuando hablaba manejaba un pincel de rosas con los labios sensuales. Ayunó siempre de esa pequeña actualidad casera, apenas entraba en su habitación se arrancaba la americana. Surgía una espalda huesosa. A esa espalda huesosa se juntaba un cuello largo. Los brazos también largos. Las manos descarnadas. Con los pulgares abiertos se echaba abajo los tiradores de seda. En redor de su cintura quedaba bailando el pantalón. Abría las persianas y paladeaba la luz y el aire. Sus párpados caídos sobre sus pupilas le hacían vivir en un como interminable atardecer. Por eso, al abrir las persianas para paladear la luz del sol, echaba la cabeza hacia atrás. Y así lo hacía siempre que quería ver mejor. Giraba, en seguida, momentáneamente, al parecer, desorientado. Un instante fugaz. Ya iba sobre los zancos de sus piernas hacia la alacena en que guardaba la botella de coñac. Los vasos. De espaldas se le oía paladear, chasquear la lengua, como si en verdad bebiera, cuando solo tenía frente a los ojos el licor. Servía rápidamente, abundantemente. Alzaba su copa e invitaba a beber con rito sacerdotal. Esta vez el chasquido de sus labios era más fuerte. Por su garganta larga y flaca se veía pasar el coñac. Lo regustaba. Se llenaba nuevamente la copa. Indagaba en sus bolsillos un cigarrillo. Los llevaba en la bolsa de la camisa. Encogía la mano, anguloso el codo, para extraerse del alto de su corazón el paquete de cigarrillos y se llevaba uno a la boca, luego de ofrecer a los otros. Fumaba con chupadas hondas. El humo salía por sus narices. Ya estaba el poeta.

 

De una gaveta extrae su mano el último poema. Lo lee casi de memoria y así logra vigilar nuestros gestos mientras lo va leyendo, leer en nuestros semblantes esa primera impresión que, a su decir, le servía para saber si estaba bien o estaba mal y que nosotros comprendíamos que era sólo lisonja. El cabello negro y duro se le venía hacia la frente despejada. Su mano se lo echaba hacia atrás. Pero luego se olvidaba y terminaba igual que un director de orquesta. Sílaba a sílaba acariciaba el verso. Palabras sin aristas, redondas y sensuales. Encadenamientos sonoros en que las voces se ordenaban en nuevos sonidos, sorprendentes sonidos, al ligarse entre ellas. Por eso, fuera de la sintaxis natural, de lo que rectamente se entendía, otros sonidos surgían, se percibían por aliteraciones insospechadas, música de versos que se formaban, eso que detrás del poema existe y se oye cuando el poeta lo lee. Sonoros, hondos, paladeados, hechos para quemar, para torturar, sus versos nuevos y sus nervios viejos[…] (101)

 

En la cita de Asturias hay aspectos que nos obligan a hacer un breve análisis. La amistad entre Barba-Jacob y Asturias, nos demuestra que el poeta no sólo era reconocido entre la juventud por sus versos, sino también por sus conceptos, consejos y juicios literarios. Los jóvenes narradores y poetas lo frecuentaban con cierta asiduidad. Esta es la explicación de la presencia de Asturias en el hotel, y la razón de que haya ido muchas veces se comprueba en la frase /y así lo hacía siempre que quería ver mejor/ Como puede leerse hay otras frases que también lo reafirman en el mismo sentido.

Un aspecto que es importante para el concocimiento del poeta, desde la perspectiva de lo psicológico es la descripción que hace Miguel Angel sobre los movimientos, gestos y todo lo que se relaciona con el mundo intrínseco. De otra parte, está su ser físico donde lo predominante es la delgadez y lo huesudo. Son dos verdaderos retratos de lo interior y lo exterior. En la parte final donde Asturias habla de las “aliteraciones insospechadas” que no están contenidas en el verso, sino que se producen por efecto de su lectura, confirma nuestro juicio, en el sentido de rigor con que preparaba sus lecturas. El poeta era un purista de la melodía. Las palabras de Asturias testimonian lo hondo que caló en las gentes de letras de ese país, pero también refrendan el afecto que el poeta tenía por los escritores, los intelectuales, la tierra guatemalteca y sus habitantes.

 

 

Obra periodística en Guatemala

 

En 1923 estuvo el poeta en Quezaltenango donde se comenta que escribió varios artículos en un periódico denominado Diario de la Tarde, desafortunadamente la colección de periódicos correspondientes al diario mencionado, en lo que se relaciona al año 1923, contiene muy pocos ejemplares. Este hecho lo confirma Hugo Cerezo Dardón en su biografía sobre Barba Jacob, en la página 91, citada repetidas veces en este trabajo. Igualmente no se encontraron ni ejemplares ni otra prueba distinta a la mención de El Imparcial del 2 de agosto acerca de un periódico llamado El Diario Nuevo, que era dirigido por el licenciado Alejandro Arenales, o sea, Ricardo Arenales, y del que también habla Fernando Vallejo, en la página 218, en la biografía de Barba-Jacob.

Todos los artículos que hemos encontrado correspondientes a los distintos periodos en que Porfirio Barba-Jacob estuvo en la República de Guatemala los detallamos en la la bibliografía, obra periodística.

Periódico Diario de Centro América: Guatemala, 1914-1923, Periódico El Imparcial, Guatemala, 1922-1924, Post-mortem, 23 de julio de 1983

Su obra periodística en Guatemala, en cierto sentido, es una condensación de los principales hechos históricos de ese país, ocurridos en los distintos periodos en que Barba-Jacob se radicó en tierras guatemaltecas.

Su paso por El Salvador

Pudimos establecer que el poeta estuvo en dos oportunidades en El Salvador, la primera como Ricardo Arenales y la segunda como Porfirio Barba-Jacob. Su primera estadía está marcada por una amistad en la cual podemos usar el adjetivo de estrecha con el Presidente Carlos Meléndez, quien gobernaba por segunda vez el país.

El registro de esta temporada lo encontramos en sus artículos periodísticos en El Diario del Salvador donde él hace un retrato interior de sí mismo, declara que la escritura, a pesar de sus exigencias diabólicas, no logran consumirle toda la energía, sino que ésta se derrama para subirse en automóvil brujo que lo rapta como si fuera Helena en el país de lo mitológico. Plantea que El Salvador es un territorio laborioso, de faenas agrícolas, libre y encantado. En la crónica encontramos a un hombre pleno y total porque pasa momentos generosos, donde la felicidad lo aborda por doquier. El mismo nos puede hablar de este lapso:

 

San Salvador es una ciudad encantadora, sobre todo porque es libre. Me dio paz para leer, para soñar y aún para delirar. ¡Cómo rugían entonces y cuán insaciables eran mis leones! No se satisfacían ni con las carreras diabólicas hacia Santa Tecla, en un automóvil brujo, y ella como si fuera Helena en el rapto mitológico. Tembló la tierra, Pero…¡ah país acogedor, sonoro de rústicas faenas, cordial y encantado, fuerte y libre! Mi corazón vuela en las noches hacia Cuscatlán, alma de alondra sobre sus ruinas, espectros amados, embriaguez, un sórdido señor Quiñones que era Vicepresidente, los baños tibios bajo la matinada, toda la miel del día… (102)

 

Sus estancias en El Salvador dejaron para la literatura un texto único en la obra de Barba-Jacob, bastante raro como género, puesto que se inicia como si se tratara de un relato ficcional, para luego entrar a describir hechos reales sobre una catástrofe natural sucedida en ese país. Nosotros encontramos en la Hemeroteca escrito por el poeta, un texto titulado El terremoto de San Salvador: narración de un sobreviviente. Tiene como referencia editorial: San Salvador, imprenta El Diario del Salvador, 1917 y consta de sesenta y cuatro páginas. El relato se inicia con un hecho en el hospital Rosales, donde utiliza el nombre de su abuela Benedicta, y le pone a Joaquín, personaje ficticio, su apellido Osorio, para rememorar a su propia familia. Los personajes centrales, Ricardo Arenales y Joaquín Osorio Ruiz, se hacen amigos en su habitación de enfermos y viven allí los inicios del terremoto ocurrido el 17 de junio de 1917, día de Corpus Christi. La trama del relato, como era la moda en la época, se tejía en torno de asuntos amorosos, entrando en escena una tercera protagonista con el nombre de Consuelo. Luego pasa a narrar hechos reales sobre la tragedia donde hay pasajes verdaderamente conmovedores. El texto en cuanto a género es fundamentalmente una crónica-reportaje considerada por los especialistas en periodismo como texto de indiscutible calidad. Germán Arciniégas que es considerado como uno de los grandes intelectuales de América Latina, la valora como la mejor obra periodística del poeta.

Hugo Cerezo Dardón en la biografía de Barba-Jacob, refiriéndose al mismo texto, dedica todo un espacio significativo y lo titula así: Ricardo Arenales. El Terremoto de San Salvador. Corpus-Christi, Junio 17 de 1917. Narración de un sobreviente. Pero habla de un texto de ciento treinta y nueve páginas consignado en el párrafo siguiente.

 

El propio Ricardo Arenales nos informa al inicio del folleto, como él lo califica, aunque tiene 139 páginas, que le dio comienzo veinticuatro horas después del terremoto el 7 de junio de 1917, concluido el 5 de julio y tirado de inmediato en la imprenta del “Diario del Salvador”. (103)

 

Parece que el texto del que nosotros hablamos fue el primero que se editó, tiene una dedicatoria brevísima al presidente de la República, Carlos Meléndez, que está ampliada en la obra de la que habla Hugo Cerezo Dardón y que es de ciento treinta y nueve páginas. Existe otra edición del Ministerio de Educación en la biblioteca de El Salvador, que tiene la fecha de 1961, donde hay algunos cambios y también supresiones, como es el caso de la dedicatoria que Barba-Jacob le hiciera a Carlos Meléndez, presidente de la República en el momento del terremoto.

El reportaje-crónica utiliza un lenguaje narrativo de acentuación poética para describir todos los horrores, el dolor y el lamento, propios de un terremoto donde han muerto cientos de personas. En él se encuentra la descripción de la destrucción del Teatro Colón, la Iglesia de La Merced, el Manicomio, la Dirección General de la Policía, la Tesorería General y en ese orden, casas y edificios. En los parques la gente se apelmaza, solloza, reza, ruega, gime, grita, llora, esgrime crucifijos. En la plazoleta Cervantes, la multitud desaparece la grama y con ella el espacio, el apretujamiento es total, las masas se derraman por las calles adyacentes pidiendo en vano algo para beber y la protección de su Dios que no aparece por parte alguna. Hay sangre por todas partes, escombros, hierros que salen amenazantes como espadas, polvo que enceguece los ojos y las miradas. El horror se dimensiona en la medida en que el narrador suma acontecimientos. En los días de la dolorosa tragedia, Barba-Jacob que tenía por la tierra salvadoreña y sus habitantes un sincero afecto, se conmocionó profundamente con la catástrofe y la registró en su obra poética en el poema El alma salvadoreña. Transcribimos la primera estrofa donde está diáfano el sismo:

 

¡Hora de angustia! El firmamento

cobija un mundo que se desploma;

se oye un ruido sordo y violento

de valle en valle, de loma en loma.

El negro carro del infortunio

choca en el monte, choca en la peña;

y en la sombría noche de junio

solloza el alma salvadoreña…

(El alma salvadoreña)

 

Como Barba-Jacob era un hombre polémico, hasta en las situaciones más difíciles de la adversidad social, sus enemigos ante el éxito editorial de la crónica en libro, lo acusaron de hombre sin escrúpulos de encubridor de Carlos Meléndez y en ese orden de otros cargos que no presentan el menor fundamento. En lo único que sí tenían razón, es en los beneficios económicos que recibió por la citada publicación.

Su segundo viaje lo hace siete años después, en agosto de 1924, sin tener en cuenta que ahora está en la presidencia de la República, Alfonso Quiñones Molina, el que fuera ex-ministro del presidente Carlos Meléndez, amigo del poeta. El ex-ministro que había sido blanco de la pluma de Porfirio Barba-Jacob y perdedor en otros sucesos de carácter político frente al poeta. Lo expulsó del país sin ningún cargo concreto y a pesar de que ahora se llamaba Porfirio Barba-Jacob. Estuvo preso, se le privó de todos sus derechos incluidos los más elementales. Se dice que estuvo en peligro de muerte, asunto que puede ser cierto, porque el señor Quiñones, para lograr el acceso al poder provocó acontecimientos que dejaron una estela de muertos, las cárceles colmadas de prisioneros políticos y otras secuelas propias de las acciones armadas.

 

Obra periodística en El Salvador

Las crónicas que hemos hallado corresponden únicamente al Diario del Salvador, y la Revista Quincena, donde el poeta trabajó durante su estadía en ese país, siendo las publicaciones más importantes que se editaban en esa época. También encontramos dos crónicas post-mortem, publicada en el Diario Latino. Lo hallado lo reseñamos en la la bibliografía, obra periodística.

Periódico Diario del Salvador: El Salvador, 1917, Revista La Quincena, San Salvador, Post-mortem

 

Su presencia en Honduras, 1915-1925

 

La presencia de Porfirio Barba-Jacob en esta nación centroamericana, donde estuvo en varias ocasiones, las cuales aparecen difusas por ese perpetuo deambular y también ese entrar y salir de países, presentan una verdadera dificultad testimonial por la carencia de registros. En cada viaje su permanencia teje un mundo anecdótico que se confunde entre ficción y realidad. A Honduras llegó por su propia voluntad y también como expulsado.

En torno de la ficción o lo que puede ser una realidad, se afirma que en 1924, uno de los medios utilizados para ganarse la vida en el territorio hondureño, fue el de ejercer la función de predicador religioso, contratado por un gran propietario de ingenios azucareros para pacificar el espíritu alevoso de los trabajadores, los sábados y los domingos días de descanso. Ellos utilizaban este tiempo libre para emborracharse y en estado de embriaguez, en violentas riñas se mataban a puñaladas o a machetazos, en tal cantidad que afectaban la producción azucarera por el alto número de ausencias el día lunes, al iniciarse la semana.

En un periódico, denominado El Cofrade Trabajador, de edición mensual, órgano oficial de la Agremiación del Trabajo de los jornaleros de la caña de azúcar se hace alusión a un cura colombiano, que de manera abrupta apareció entre los trabajadores, incitándolos a la templanza y al buen juicio donde el trabajo y la vida ordenada son altos valores de la fe. El periódico llama a los trabajadores a estar atentos sobre los requerimientos del advenedizo. Luego en la séptima edición mensual correspondiente al mes de julio de 1925, hay un artículo que se refiere a la súbita desaparición del religioso mencionado. Finaliza diciendo que desapareció de la noche a la mañana como un fantasma (104).

La calificación que hace el órgano de los jornaleros azucareros del predicador, corresponde plenamente a los comportamientos de Porfirio Barba-Jacob por lo intespestivo e insólito. Todo parece indicar que el trabajo de predicador fue un pasaje real de su vida.

En lo que concierne a la realidad de sus presencias en Honduras se han encontrado artículos, crónicas y poemas publicados en distintos medios de prensa. En esta página reseñamos los nombres de los periódicos y los títulos de sus artículos están en  la bibliografía, obra periodística.

Obra periodística, Honduras: Revista Esfinge, Honduras, 1916, Revista Helios, Honduras, 1917, Revista Germinal, Honduras, 1917-1918, Revista Vida, Honduras, 1918, Revista Ateneo de Honduras, Honduras, 1915-1923, Revista Tegucigalpa, Honduras, 1934-1935, Revista Ariel, Honduras, 1925, Revista Atlántida, Honduras, 1925, Revista Los Sucesos, Honduras, 1920, Revista Nosotros, Honduras, 1920, Revista La Tribuna, Honduras, 1927, Periódico El Espectador, Honduras, 1932, Post-mortem, 1942

Lo que publicó en Honduras se caracteriza porque allí salió a la luz pública una buena parte de su obra poética, muchos poemas hoy inexistentes sea porque que los haya destruido o transformado en otro poema. Es el caso de los poemas que no figuran en la obra completa de Piedad Bonet, considerada por los especialistas como el mayor y mejor texto que recoge todo el conjunto de sus poemas. En esta dirección encontramos los siguientes: Erotismo, Lamentación valdía, Canción sin motivo, El triste amor, Primera canción de la soledad, Nuestra Señora de la Roca, Síntesis, El arte de morir, Canción del día fatigado, La honda de David, Meditación primera, La divina desnudez. Atrajo nuestra atención el Album que publicó Froylán Turcios, en la revista Ateneo de Honduras el 22 de junio de 1915, en el N° 21 donde aparecen tres poemas de Barba-Jacob, Arbol viejo, Al partir, y Cancioncilla. Hasta donde pudimos averiguar son textos desaparecidos.

En cuanto a los conocidos, el primero que figura es La canción de la vida profunda, publicada repetidas veces en distintos medios. Le sigue Elegía de septiembre, Contrición, Canción delirante, Canción de la soledad, El corazón rebozante, Canción de un azul imposible, Canción en la alegría, La hora suprema, Soberbia, Balada de la loca alegría, Mi vecina Carmen, El alma salvadoreña, Los niños y muchas otras.

En Honduras promovió seminarios, recitales, participó en conferencias, como de costumbre sobre diferentes temas, fundó tertulias literarias y otras actividades colaterales relacionadas con el arte: como exposiciones de pintura, presentaciones musicales, es decir, fue un motor de la vida artística e intelectual. Sobre lo anterior hay documentación en la Biblioteca de Tegucigalpa y en la ciudad de la Ceiba.

 

  ENTRE LEZAMA LIMA y WALT WHITMAN

 Las tesis absurdas del personaje diabólico

 

Porfirio Barba-Jacob resulta un personaje controvertido desde cualquier ángulo que se le mire o se le analice. En su obra poética y periodística encontramos abundante documentación, donde el poeta da muestras y pruebas de una colombianidad indiscutible. Sin embargo, en el diario vivir, hay igualmente pruebas que durante toda su juventud y hasta pasado los cuarenta años, no sólo odiaba a Colombia, sino que no se reconocía como un ciudadano de ese país. Más adelante citaremos a Jaramillo Meza, quien nos aporta pruebas contundentes en este sentido porque él fue su compatriota entrañable hasta el último momento de existencia de Barba-Jacob, y el único verdadero amigo de toda su vida. En términos de pertenencia se consideraba un apátrida. Hecho que lo llevó a subsumirse en una utopía política sublimadora considerádose ciudadano de América. El término del poeta tiene una acepción geográfica general, encierra América de sur a norte. Con esta actitud se engloba entre los grandes utopistas del continente. En cuanto a colombianidad se refiere, es demostrable en el hecho de que siempre estuvo atento en aprovechar las ocasiones para destacar las efemérides de sus mitos fundadores.

Es suficiente que nos detengamos en un solo ejemplo: el 7 de agosto de 1919, en El Heraldo de México, en un título a ocho columnas informa, “La América conmemora hoy el primer centenario de la batalla de Boyacá”, seguido de un subtítulo extremadamente largo “Tras una prodigiosa campaña, digna de uno de los más grandes capitanes del mundo, triunfó Bolívar en esa célebre acción, y de un golpe dio la libertad a Colombia e hizo posible las de Venezuela, Ecuador, Perú y Bolivia”. Citamos un breve aparte de su artículo que es muy largo, pues ocupa dos páginas, para formarnos una idea de lo que pensaba Barba-Jacob del sonado acontecimiento:

 

[…] El libertador fué grande en la concepción de su plan, brillante a ejecutarlo y heroico en cada uno de los episodios que aseguraron la efectividad de la idea primera. Comprendió bien los dos aspectos del problema: el militar y el moral; vió como el estado de los espíritus podía multiplicar los escasos recursos con que contaba en hombres y armas, y se lanzó a la empresa que apenas puede creerse por sus resultados. […] (105)

 

El que sería su entrañable amigo de toda la vida, lo calificó de personaje diabólico en el momento en que lo conoció en La Habana. A él le declaró que cuando era colombiano se llamaba Miguel Angel Osorio, pero su verdadero nombre ahora era el de Ricardo Arenales, mexicano y ciudadano de América. Que sea el propio Jaramillo Meza que nos lo diga:

 

Yo conocí a Barba-Jacob en Cuba, un día ya lejano de mis viajes de juventud. Una semana después de llegar a La Habana, con mi carga de ensueños y de canciones, una tarde, en el Parque Martí, mientras departía cordialmente con un joven poeta español, se me acercó un hombre alto, huesudo, desgarbado, regularmente vestido, con una mirada de alienista o de alienado, y mirándome fijamente me formuló tres preguntas, sobre mi nombre, mi país, y el rumbo de mi viaje. Le di mi nombre, le hablé de Colombia y le expuse en síntesis el objeto de mi visita a Cuba. Súbitamente, como un enajenado, estrechó fuertemente mi mano y me dijo: “Yo, cuando fui colombiano, me llamé Miguel Angel Osorio. Ahora, soy mexicano y ciudadano de América. Me llamo Ricardo Arenales.[…] […]aquel hombre de extrañas nerviosidades sustentó ante mis oídos absortos las más tremendas tesis filosóficas, sociales y literarias. Para terminar me dijo, adoptando una actitud solemne de pontífice, y con rabiosa voz: “Amigo mío, para ser hombre, pero en toda su plenitud, son necesarias dos cosas, imperativas: odiar la Patria y aborrecer la Madre”. Y no sólo esa vez, sino muchas otras, me quedé atónito, por decirlo así, ante las teorías deconcertantes, ante las tesis absurdas de aquel personaje diabólico. (106)

 

Barba-Jacob era la antítesis de la tabla valorativa vigente en la sociedad de su tiempo. Socialmente fue un modernista por la actitud que asumió frente a la concepción intelectual y estética sostenida por los valores tradicionales. Esto que sorprende, que anonada a Jaramillo Meza, es el elemento que lo atrae, que lo cautiva, como un imán para relacionarse con el poeta transgresor de las normativas existentes. Su pensamiento correspondía a la ruptura en los planos sociales, culturales y políticos. En la isla cubana quedó demostrada esta afirmación, cuando la policía de Machado encarceló a Julio Antonio Mella y a dirigentes obreros acusados de sabotaje. Los intelectuales se pronunciaron contra el encarcelamiento y ahí aparece la firma de Barba-Jacob junto a periodistas y poetas. En este sentido reproducimos un párrafo de unos de sus biográfos:

 

[…] Dieciocho días después, ante la presión popular, Machado se vio forzado a ponerlo en libertad, cuando el joven ya estaba a un paso de la muerte. Queda una “Carta abierta contra el encarcelamiento de Mella” publicada por el periódico El Día, el trece de diciembre y dirigida a Machado por una veintena de periodistas y escritores que encabezaba Varona y entre los que figuraban Barba Jacob y sus amigos Juan Antiga, Juan Marinello, José Tallet, Enrique Serpa, Eduardo Avilés Ramírez, José A. Fernández de Castro, Rubén Martínez Villena, José Manuel Acosta y Gustavo Aldereguía. […]. (107)

 

Las tragedias parecen que no producían ningún efecto en la personalidad del ex-reo, el que se mostraba siempre como un acero templado ante la adversidad, porque retornó a Cuba en 1930 para hacer poesía y escribir en sus diarios. En una de esas entradas y salidas de la Isla, como lo anotamos en otro aparte de este trabajo, muchos años después de que conociera a Juan B. Jaramillo Meza, volvió a La Habana. En esta ocasión conoció a los jóvenes talentos cubanos, como Rubén Martínez Villena, Raúl Roa, José Tallet, Alberto Rieira, José Manuel Valdés Rodríguez, Fernando Ortiz y otros. Su presencia en Cuba en esta oportunidad resulta muy significativa para la historia de la poesía lainoamericana. En ese entonces se encontraba en la ciudad Federico García Lorca, ambos se conocieron casi de inmediato estableciendo una estrecha relación literaria y personal. En el mundo de la bohemia se les veía siempre juntos de bar en bar, y en todas las actividades artísticas y culturales de alguna significación que se realizaban en La Habana. Es célebre la recitación de Barba-Jacob en el homenaje de despedida, que le hiciera la intelectualidad cubana a Federico García Lorca y a Adolfo Salazar, donde prácticamente lo que quedó en la memoria de los asistentes fue la intervención del poeta que causó delirios, y no la voz lírica de Federico García Lorca. Raúl Roa que estuvo presente nos la describe:

 

[…] Alguien le pidió entonces a Barba-Jacob que dijera uno de sus versos. Y, como transfigurado, empezaron a fluirle poema tras poema, tal centelleante cascada de piedras preciosas. A medida que se fue apoderando del auditorium, se “volvió deslumbrador y escénico como el caballo de un emperador en una parada militar”. […]

 

[…] Sobre la salva de aplausos aún flotaban, como un maleficio, las estrofas de “Canción de la Noche Diamantina”.[…]

 

[…] El amanecer sorprendería a Federico García Lorca y a Porfirio Barba-Jacob, cantando locas canciones, a la vera de los muelles dormidos. […] (108)

 

Este viaje se convirtió en una fuente de anecdotarios como su coquetería manifiesta del diente que fulgía de día y se convertía en la noche en un pedazo de carbón. Como de costumbre vivía en lo paupérrimo, en una pieza oscura y dormía en una cama chirriadora. Hasta allí llegaban sus amigos habaneros en tropeles llamándolo “el poeta jitanjaforero”, porque cuando los recibía, siempre comenzaba a recitarles o a leerles un poema que empezaba por una jitanjáfora que era el deleite de la juventud cubana que se encontraba en plena onda de la poesía vanguardista. Entonces se le oía decir: …Catle-catlellas, tilín-tilán-tilacias catlellas-catle tilacias tilán tilín-catle. En sus viajes a Cuba escribió en muchos medios de prensa. De nuestra  parte pudimos  comprobar que escribió en El Fíga-

ro, en la revista Chic y también en El Heraldo Negro, periódico de Eduardo Avilés, estimado amigo del poeta y a quien le dedicara el poema La dama de los cabellos ardientes. Las referencias encontradas están en el apéndice.

 

 Obra periodística en Cuba: Revista El Fígaro, Cuba, 1915, Revista Chic, Cuba, 1925-1926, El Heraldo negro, Cuba -1930

 

 

REFERENCIAS

 

 

96) HOLGUIN, Andrés, “Porfirio Barba-Jacob y el romanticismo”, in Revista del Centenario de Porfirio Barba-Jacob, N° 1, op. cit., pp. 41-51.

97) El encuentro de Rafael Arévalo Martínez con Porfirio Barba Jacob ha hecho correr la tinta de varias generaciones. La literatura en el mal sentido de la palabra (el que acuñó Darío, a partir de un nuevo verso de Verlaine) anda metida en el asunto. Razón de más para interrogar de nuevo este acontecimiento que posee, con todo, el valor de una fábula.

El meollo de esta fabulación lo constituye la relación de Porfirio Barba Jacob con “El hombre que parecía un caballo”, el cuento que le dio celebridad a Arévalo Martínez. La sola mención de esta obra provoca, casi como un acto reflejo, la referencia al poeta colombiano, modelo del protagonista negativo, el señor de Aretal. Esta asociación, aunque justificada, es responsable de algunas incongruencias.

La primera consiste en suponer que el retrato del colombiano forma parte del valor estético de la obra. Nadie ha sostenido directamente la relación entre una y otra cosa. Ahora bien, nadie, tampoco, ha examinado su incompatibilidad evidente. En efecto, para ser lo que es, el cuento no necesita del escolio sensacionalista. Sin embargo, la seducción que ejercen la obra y la vida de Barba Jacob impulsan, cuando se conoce a éste y desconoce a Arévalo Martínez (cosa excusable, cuando uno no es guatemalteco) a revisar el cuento para encontrar en él algo (o mucho) del poeta colombiano. […], MEJIA, José, “Para olvidar a Porfirio Barba Jacob en ‘El hombre que parecía un caballo’” de Rafael Arévalo Martínez, in El hombre que parecía un caballo y otros cuentos, AREVALO MARTINEZ, Rafael, Ediciones UNESCO, Madrid: 1997, pp. 338-339.

98) ASTURIAS, Miguel Angel, “Barba Jacob el hechizado”, in El Imparcial, Guatemala: 6 de junio de 1969.

99) BARBA JACOB, Porfirio, “La divina tragedia”, in Obras Completas, op. cit., p. 371.

100) CEREZO DARDON, Hugo, Porfirio Barba-Jacob en Guatemala y en el recuerdo, op. cit., p. 127.

101) Anónimo, EL Cofrade Trabajdor, N° 7, “Un fantasma que llega, un fantasma que desaparece”, La Ceiba: julio 1925, pp. 5-6.

102) BARBA-JACOB, Porfirio, “La América conmemora hoy el centenario de Boyacá”, in Diario El Heraldo, México: 7 de agosto de 1919.

103) JARAMILLO MEZA, Juan B., Vida de Porfirio Barba Jacob, op. cit., pp. 70-71.

104) VALLEJO Fernando, el mensajero – biografía, op. cit., p. 262.

105) ROA, Raúl, “Barba-Jacob visto por Raúl Roa parecía un caballo”, in Revista del Centenario de Porfirio Barba-Jacob, N° 1, Santa Rosa de Osos: abril 1983, pp. 77-84.

106) […]… Las peripecias de mi existencia son incontables. En general puedo decir que no debo quejarme de la suerte por lo que se refiere a la salud, pero sí  por lo que se refiere a la fortuna. Durante siete años estuve trabajando en México con todas las energías que Dios me dio y logré crearme una buena posición, abrirme créditos y hacer muy buenas amistades; pero vino después la guerra y yo, metido en el torbellino de la política, tuve que correr la suerte del país. Al triunfar la revolución de Carranza y Villa, y después de año y medio de agitación y de peligro, tuve que salir huyendo para Guatemala. No necesito decirte que en la fuga perdí todo lo que tenía, es decir, mis libros, que eran más de cinco mil, que me habían costado tantísimo dinero y que representaban mi tesoro. En Guatemala me fue mal, pues apenas pude ganar con qué atender mis necesidades, y determiné venirme para La Habana. En esa ciudad permanecí varios meses, trabajando con mediano éxito. Me agasajaron mucho, me dijieron “ilustre” en todos los periódicos, y me hubieran puesto en un trono si yo me hubiera ayudado; pero en materia de dinero no andaba muy bien la cosa, y como esto tiene tanta importancia en la vida, yo determiné venirme a Nueva York., BARBA-JACOB, Porfirio, in Obras completas, op. cit., Carta dirigida a la señora María del Rosario Osorio de Cadavid a Angostura, desde New York, pp. 394-395.

107) BARBA-JACOB, Porfirio, in Obras completas, op. cit., Carta dirigida a Salarcito desde San Antonio de Texas, el 10 de marzo de 1920, pp. 388-389.

108) BARBA-JACOB, Porfirio, in Obras completas, op. cit., Carta dirigida a la señora María del Rosario Osorio de Cadavid a Angotura (Antioquia), desde New York, pp. 395-396.

109) MORA NARANJO, Alfonso, “Mi maestro‚ ‘era una llama al viento’”, in Obras completas, op. cit., pp. 116-158.

 

                                      SUITE : Porfirio Barba Jacob, sus pasos por Estados Unidos, suite 6


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