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* CHEMIN SCABREUX

 "Le chemin est un peu scabreux

    quoiqu'il paraisse assez beau" 

                                        Voltaire 

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Publié par VERICUETOS

ELIZABETH MARIN BEITIA

La Unión, Valle del Cauca. Magister en Literaturas colombiana y latinoamericana. Docente de la Escuela de Estudios Literarios de la Universidad del Valle, coordinadora del programa de licenciatura en Literatura en el municipio de Calcedonia, Valle. Ha publicado sus poemas en revistas nacionales e internacionales.

 

 LOS CALLADOS

 

Patéticos

Los insultados del tedio

A los que ni siquiera el odio recibe entre sus filas

Como dioses cansados

Son omnímodos.

 

Los callados no se miran se escancian en los otros

Tienen las orejas envaradas de escucharse

Los callados sólo callan y muerden la férula en los

                                                                       /labios

 Se creen la cínica golondrina

Que inicia el invierno

Y se les cansa el trasero de estar de pie.

 

Los callados de dientes cansados

Bocas como cavernas donde

Circula el eco de palabras no natas

 

Los tendones ¡ay! se les oxidan

Y traquetean con el sonido de los viejos teatros.

Los callados no aman soportan

No entregan

Esperan recibir lo que otros dejan

La mejor parte del pastel

El corazón de la manzana envenenada

Se espantan de los muertos

Y se abanican el calor del cuerpo

Que les crece sobre el cadáver.

 

 NULIDAD

Tanta sangre ahora

Y yo sin manos

Sacudido como una alfombra

Tendida en el hilo de los días

 

La felicidad

Árida y trágica

Trepa por mi esófago retorciéndose

Es planta advenediza

Que hinca sus radículas

En la piedra devastada

 

La noche tanta

Y yo sin manos

Para sacar este verdor

Que se empoza en mi garganta

 

Foto 7 Roldanillo

                                                                   Recital de la poeta y tallerista Marga López.                       

 

MARGA LOPEZ DIAZ

 

La Ceja, Antioquia. Maestra en Literatura, Historia del Arte e Historia de la música en diferentes establecimientos educativos. Tallerista de filosofía en la poesía. Importante poeta en las letras colombianas, con reconocimientos nacionales e internacionales. Periodista cultural con programas para diferentes emisoras universitarias de Antioquia.

 

 PERSEFONE

 

Los niños encerrados

lejos de sus padres

en lugares hospitalarios

y extraños.

 

La niña boba

es aseada por la enfermera

mientras contempla

una ventana alta.

 

La madre en otra tierra

atraviesa la calle

para admirar una “gota de aceite”

en la tienda de las esmeraldas.

Justo al pasar la puerta

la recuerda.

Se le vienen sus ojos

que la han mirado

con la luz más penosa

de la ternura.

 

En la ausencia del abrazo...

de la dulzura del acunamiento,

la hija ha aprendido a sentirla,

a viajar por la fuerza del océano

para abrazarla a ella

como si la madre fuera a su vez

una hija perdida,

como si la madre fuera

la encerrada

en la otra vasta tierra

y ella desde su cuarto

habitará un vasto reino.

 

Cuando acerca la piedra a su pecho

y brilla en la cadena

el otro oro del verde,

la madre vuelve a verla en el espejo

le sonríe de lagrima

y la toca en el agua

separadas sólo

por una gota

de sueño.

 

La enfermera le peina

y le habla,

ella tartamudea

y se fija en los rincones del techo

donde viven las gracias invisibles

y el meritorio ser ahí

Sola

contenta de la hora

en la simplicidad de su aire,

contenta de su estar

en el obrar de su apaciguamiento.

 

En la pared

la noche inicia el juego del espejismo...

así la madre regresa

y las dos danzan

conmovidas

entre las sombras y el miedo.

Es la hija quien la peina,

le pone flores y ramitos

y la madre le oye el corazón

como si fuera una celesta

o una congoja

o un ruego.

 

Por la calle

en la otra tierra,

la madre luce el aura de la hija

como si llevara un collar

hecho con ráfagas de océano,

como si mayo fuera un lugar

y la apaciguara

el aire de la hija

encerrada de por vida

en las honduras ignoradas

de su pecho.

 

MONICA

 

Oye tumbar la puerta de la casa

a la una de la mañana.

 

Las paredes no se abren.

No hay zarzos en el techo.

No hay argollas secretas

en el suelo.

 

La casa es una tumba de miedo

paralizado y vivo.

 

Y retumba, pesada y liviana,

como un árbol herido en cada golpe.

 

Y ninguna pared se atraviesa.

Nada empareda.

Y ningún ángel guarda

y la tierra no se traga a nadie

y no entra un milagro por alguna ventana.

 

Entonces la  hermana se estremece

al oírse llamada

como cuando a uno

se le sale el alma

y la muchacha se aturde

pasmada y lívida

y no sabe volverse invisible

no sabe responder

no alcanza a recordar

ese día de niña o de sol

o de confiar

o de comer mandarinas

o de entrar a la escuela

y mirar el tablero.

 

No acierta a escaparse

por un recuerdo.

 

Pero no es ella,

es la otra hermana.

 

Y Mónica tiene en los brazos al hijo

como para irse por él

y lo mira ya ida

sentada, vencida,

con su pavor de cierva espantada

en un rincón de la cama

y lo abraza por ultima vez

y lo desprende de su pecho

y lo encomienda a la madre

para que lo cuide bien

y sale

en ropa de dormir

y descalza

 por la calle de siempre

y de nunca

baja

a la muerte.

 

La madre sabe que jamás volverá.

El pueblo duerme.

 

 

MARTA QUIÑÓNEZ

 

Apartadó, Antioquia. Sicóloga Social, Filóloga, estudiante de Traducción y Editora. Coordina proyectos sociales con varias comunidades de Medellín.


XXXVI

Vengo de Cómala
traigo en la piel toda la tierra
todo el tamo
y el mutismo inútil del camino
traigo fantasmas
que espantan la visión

vengo de Cómala
traigo el hambre
de todos los muertos
de todos los plantados
traigo el hambre
del exilio y del recelo

el silbido de los difuntos
me persigue

fui a Cómala
a buscar el rostro
del no olvido

traigo un eterno olor
a pan que se cocina en el campo
traigo de Cómala todas las ansias

parada en el cerro me sacudo
como un perro mojado
y Cómala se desprende
en costras de mi cuerpo

Cómala es el sueño que se desvanece
Cómala la espera
Cómala el plantón

Cómala
también es el amor

 

XIV

Del pan que se guarda
tengo hambre

tengo un hambre
que calcina las convulsiones
de la tierra

un hambre
que no me busca
que busco y nada sacia

no tengo sed
el desierto vive en mí

tengo hambre
en medio de una naturaleza muerta

desde unas cuencas vacías
el hambre me mira

tengo una ración de pan
embalada en saco de mostaza
nada guarda la potestad del hambre
sobre el huero

las cuencas irradian
sigo con hambre
y al pan nuestro
lo aprisiona un muro

 

 

  NORBY CRUZ

 

Cali, Valle del Cauca. Artista Plástica quien asegura llegar a la pintura a través de la poesía.

 

 Trasteando mi sombra

Cómo mutarse

Sin la magia sacra

que se extiende como pradera

en umbrosos campanarios.

 

Cómo sin la ofrenda desnuda

que se vierte

como cascada torrentosa

en la fisura oscilante

de este templo;

 

Cómo invento esta noche

si los grillos

no deletrearan en su canto

todo aquello

que se engendra en el día;

yo

seguiría petrificada

tras la cortina de incienso.

 

Tejedora de noches desnudas

 

Tejedora de noches

ya sin garganta

ya sin pupilas

ráfaga que quema

las plumas del viento.

 

Bandera serpentina

que a diario diseña cofres

con cenizas de olvido.

 

Sombras de fuego

vigilia

arrancarle la raíz al hueso

guerrero de vientre desnudo.

 

Tejedora de noches

ya sin tacto

ya sin olfato

sin cauce ni gemidos

ya sin gesto ni memorias

sin firma ni leyes

sin ninguna sinfonía.

 

 

Foto 4 Roldanillo

 

                       Exhibición de algunos poemarios ganadores, publicados por Ediciones Embalaje del MuseoRayo.

                                                  

       

  YOLANDA DELGADO DE TENORIO

  

Restrepo, Valle del Cauca. Licenciada en Literatura. Premio Ediciones Embalaje del Museo Rayo, 2006. Actualmente  pertenece al Taller El Palabreo y al colectivo literario Palabras  Mayores, Cali.             

 

 

     HUBIERA SIDO TAN SIMPLE

 

  Hubiera querido tener a mi lado mujeres

 - No mi madre -

Que me contaran que la sangre habla

Y que hay un momento de la vida

En que nacemos y morimos

En el instante mismo.

 

Cuán maravilloso habría sido

Tener a mi lado mujeres

Que me enseñaran a ser mujer

Sin ni dudas, ni temores, ni culpas

Que estrangularan la cigüeña

Para enseñarme con sabiduría

Cómo se engendran los hijos

Y hablarme de esos días

En que me convertiría

En un río de sangre.

 

Que pronunciaran las palabras

Himen, menstruación, embarazo

Orgasmo, sin ruborizarse

Y que tan dulce como se dice virginidad

Hablaran de la cópula.

 

Mujeres que me invitaran 

A palpar su vientre henchido

Y decirme que ahí palpitaba una vida

Mostrando sus senos redondos

Llenos de maternidad

Para saber que por los míos

Un día brotaría la vida.

 

Que me adiestraran

Para encontrar en los discursos del amor

Sus trampas

Perdonar sin poner la otra mejilla

Y así construir un mundo de equidad para todas

Habría sido tan simple

Como simple es la vida.

 

    ESCONDIENDOME

 

 En silencio

Como si hubiera cometido un crimen

Me  escondo en la oscuridad

Debajo de las piedras

En tinieblas subo por la noche

A  la copa más densa de los árboles

En  jaulas de acero y bajo siete llaves duermo

Vivo en lugares insólitos

Uso caretas

Jamás me pongo el mismo traje.

 

Me escondo como delincuente

Y transito por los extramuros

Cada día trato de ser diferente

Para que la muerte no me encuentre

 

Cuando descubro mi corazón de piedra

Pienso que ya pasó

Y estoy disecada.

 

 

GLORIA MARÍA MEDINA JIMÉNEZ

 

Cali, Valle del Cauca. Abogada, Licenciada en Educación, especialista en Desarrollo Intelectual y en Gerencia para las Artes.   Premio Ediciones Embalaje, Museo Rayo, 2003. Mención de honor concurso de la revista Videncia, Ciego de Ávila, Cuba 2002.

 

   LAMENTO POR LOS CORTEROS


   Babalú Ayé Orisha de las pestes y miserias,

por esta tierra que era mi casa y mi alimento,
con el zumbido del machete sobre las hojas

y esta mañana que se cubre de pelusas

sobre mi cara  negra.

Te invoco, te llamo

con el tambor de mi garganta,

por los grandes fierros

que crecieron en los pies de mis ancestros
por sus miembros caídos a pedazos
sobre la tierra fértil
 para que más tarde fueran los árboles
  que crecieron al costado del camino.

Babalú Ayé Orisha, dios de la venganza,

no tengo ahora que ofrecerte

ni gallos, ni flores, ni granos de cosecha,
mis pies se deslizan sobre días

de mal amor y  de desgracia,
no puedo cantar entre la miel,

el amo quiere borrar mi sombra

y cambiar mis brazos rítmicos

por el zumbido de un fantoche de metal,
la caña olvidará mis pasos verdes

y su interior de sol y agua dulce

se tornará en herrumbre.

 

 Babalú Ayé Orisha de las pestes y miserias,

hasta dónde llegará nuestra desventaja
que peguen  en el suelo tus rayos
para que sus mujeres y sus hijos incoloros

jamás vuelvan a sentir  el almíbar

ni a escuchar la música de hojas

que interpreta el viento

entre las flautas de la caña…

 

 

CLAUDIA CECILIA TRUJILLO

 

Medellín, Antioquia. Directora de la Casa de Poesía Porfirio Barba Jacob en Medellín. Ganadora del XIV premio Ediciones Embalaje  Museo Rayo. Cofundadora de las revistas de poesía Gerifalte, Susurros digital y Poética.

 

 I

 Me quede sin boca para nombrar

sin ojos

para no ver

sin oídos

para ignorar.

La casa no estaba fija, segura

ella flotaba sobre la tristeza.

 

Demasiadas ventanas abiertas a las sombras

viejos cuartos

donde el alma se esfuerza por quedarse

por comprender el tiempo que le corresponde.

Nada en su lugar

los muebles tristes

el escaparate que me encerró la noche

la ropa tendida en la memoria,

Tan solo el patio

por donde entraba el cielo

tan solo el corazón acordelado

el territorio pequeño de una estrella.

 

En esa casa

todo ausencia

infamia

ningún beso.

 

II

 

Cuando vuelvo a la estrella

al barrio azul rodando por los ojos

ya de regreso a los solares del sueño

encuentro la casa

encuentro mi nombre.

 

Tiempo de muñecas

caballo de madera

palabra primera

alero palpitante de tórtolas

veranera contra la cal del día,

casa que salva del cielo que hiere

cuando hiere

casa de escabullir el alma

por corredores con aroma de patio

por sus aldabas

que guardaban del mundo.

 

Sin darme cuenta, aun vivo allí.

ella me acosa

me hostiga

obsesiva de calles abiertas a la tarde.

 

Un peso oculto sobre el corazón,

solo la casa lo sabe

Piadosa

callada

cómplice.

 

Solo la casa del poema

guarda en su fuego

la casa que tiembla

adentro.

 

Como cuestan sus rincones oscuros

en la memoria

como iluminan sus muros

el dolor

 

¡ah!

Tantas ganas de ser feliz

una vez más.

 

 

MARIA DEL PILAR PARAMERO

 

Gestora cultural en Tunja, Boyacá, Ganadora del Premio Ediciones Embalaje Museo Rayo 1995. Gran parte de su trabajo poético tiene origen en la madre tierra y hace honor a sus ancestros indígenas.

 

 Una hoja

Camina

En la noche...

Al lomo

De una hormiga.

 

 La garza

Abanica el guadual

Y se despierta el viento.

 

   Ayer sentí

La soledad

Del verbo.

Al pronunciar

Tus labios.

La palabra...

Nunca.

Pulsé la lira

Y despegué mis alas

Hacia un azul

De cósmicos misterios.

Donde duermen

Las águilas sagradas

Y habitan

Los dioses primigenios.

 

 HABITANTE DEL AIRE

 

La ventaja

De vivir

En la buhardilla

Es:

Que uno se hace,

Confidente de la luna;

Casi amigo de los gatos

Vagabundos que merodean

Por los tejados;

Vecino de las golondrinas

Y es invitado

Especial

Al primer concierto

Musical de la mañana

Que ofrecen

Los pájaros sobrevivientes

De la tierra.

 

 

MARY GRUESO ROMERO

 

Guapi, Cauca. Licenciada en Español y Literatura, maestra y contadora de historias. Trabajadora incansable en el rescate de las tradiciones orales y de la cultura afrodescendiente.

 

    SABOR A TI

 

Volví a estar en mí

como en los tiempos idos

cuando tu piel olía a marisco

y sabia a sol y sal, cuando yo enamorada

me bebía tu savia

y el mástil del velero

naufragaba en el mar.

 

   ESBERTA PARMERA

 

Soy una negra de raza, y esberta  palmera

el que quiere coge coco, que suba a mi carera.

mis pipas están tiernitas, pa’si las quiere probá

ero asujetese ruro, cuando empiece a meneá.

 

Me alimento de chontaruro,

canchimala y calama

tomo jugo’e  naidi pa’poreme acompleta.

Así que si usted no aguanta, no se suba a mi parma

cuando se caliente mi cuerpo,

y me empiezo a remolinia.

 

Los cocos que no son jechos, al suelo van a para

por eso yo se lo rigo, y pa’si  puere aguanta

que se ajuste ruro, cuando me empiece a menea.

Y si no tiene resistencia, no se suba a mi parma.

 

 

MARIA TERESA RAMÍREZ

 

Corinto, Cauca. Licenciada en Historia y Filosofía. Durante toda su vida fue docente, “huracana de la poesía”, habita el universo mágico de la literatura afrodescendiente. Su  poesía se estudia en universidades de América Latina y de Estados Unidos. Recientemente publicó el libro de poesía Mabungú- Triunfo, poemas bilingües palenque –español.

 

  Bangasunga

 

Un usukulu

¿i a ta masinga

bangasunga bo

abilante mi

bajalekera mi.

 

Asina jue

Bangasunga bo

Un usukulu

Suto.......

 

Rebodda

Suto a tan ablasa

Suto a tan ngungulia

Suto a tan bangasunga.

 

Un usukulu

I a ta masinga

Bangasunga bo

Un usukulu

Bajalekera... mi.

 

    A  i Mbonge

 

Kambambam- bambam-bamba

A i mbonge

To ma ria

Kambendokamben

Kambambam-bambam-bamba

Posa palenke

Posa nguini

Ma sopakasuela

Ma chungu-chunga

Delanga a gende sutu,

Delanga a gende sutu,

Ane ata sofoca

Ma  chambelona

Ane ata anya

Ane ata kume kume

Gende mbelekete mi

Mbonga bereka

Gende mbelekete mi

Mbonga bila

Mebonga bereka

Gende mbelekete mi

Ane a ta kume

Ane a ta kume

Gende mbelekete ambe suto.

 

    En casa del amo blanco

 

Kambambam- bambam-bamba

En casa del amo blanco

todos los días

tienen la barriga llena

muy llena.

Bambam bamba.

 

En los palenques

en la casa de los negros

en las casas pobres

en las ciénagas

nuestra gente languidece

nuestra gente enflaquece

ellos sofocan el aire

los machetes resuenan.

 

Ellos comen, comen,

haciendo malabares

beben la copa de la vida

fructifican

haciendo malabares

ellos comen, ellos comen,

acróbatas del hambre.

 

    Ma numano yumara

   Numano yumara suto:


katio, cholo, Achagua,

huitoto, Maku, Ticuna

ma usuli ¡to! ¡to!

labandongo suto.

 

Pijao, Karibe , Muiscas,

kuepo Kolorao, Inka, Maya,

enu a tan toka atabal

ele atabal nkisi

i lo ke ta ki chitia, enu

ague yamara a ta amgayusa.

 

ma  Kapuchichiri-manga,

angini  Furatero

ane juetrelo:

yulungulu-saku tengue

leko, kanatule.

 

Ma  Kapuchichiri-manga

ane juetrelo:

dianche, endoka, kiñumba.

 

Ague a tan toka suto,

atabal,

bila kailanga

to yumara,  to niguini.

 

Ague ajuindo no, un!

suto a tan kanda

suto a tan sibiri

a tan buka kadumen suto.

 

     Nuestros hermanos indios

 

Hermanos indígenas

Katios, cholos, achaguas,

huitotos, makues, tikunas,

valientes guerreros ¡todos!

hermanos y amigos.

 

Pijaos,  karibes, muiscas,

pielrojas, incas, mayas

toquen de nuevo el tambor,

el tambor mágico unificador,

les hablo con  el alma

hoy la mirada es fuerte,

doblegante, mágica.

 

Los extraños, forasteros

fueron ellos los que trajeron

separación, miseria,

llanto herido, hambre.

 

Los extraños fueron

demonios, corruptos, diabólicos.

 

Toquemos juntos el tambor ancestral,

llama a luchar unidos

por una vida digna, justa.

 

¡Todos! Indígenas, negros, pobres

huyendo nunca más,

cantemos juntos

trabajemos juntos

trabajemos unidos

dueños de nuestro propio destino.

 

 

AMPARO ZULETA

Manizales, Caldas. Poeta aficionada a la pintura, su obra escrita y recopilada se encuentra aún sin editar.

 

    La vendimia

 

Me extravío, en un oleaje púrpura

vino y viento.

navego burbujas, me sumerjo...

 

En ósmosis perfecta

el líquido colma la copa

la sangre

 

En su embriaguez agita

el tonel del tiempo desborda.

ha llegado la hora

de la vendimia.

 

    El color de la tristeza

 

La dama de negro

exhibe una tristeza que de lejos

quiebra el espejo

y llora y llora

y tendida de bruces y estremecida

del tallo a la hoja

cruza la frontera de entonces.

 

Emoción de savia en ascenso que se desborda

al punto de apagar la hoguera.

 

La dama de negro

a salvo del eco cotidiano del recuerdo

entra en la levedad de su camisón de seda

y cierra los ojos y vuela

y vuela.



ANDREA NARANJO MERINO

CaliI, Valle del Cauca. Profesora de español en James Madison University, Estados Unidos. Sus poemas han sido publicados en periódicos de Colombia y de México. Premio Nacional de Poesía Ediciones embalaje del Museo Rayo, Roldanillo-Valle.

 

MUJER LUZ

 

Defines

un camino desconocido

y un río

que se lleva el sueño

de la lumbre

junto al castaño.

Las almendras,

duras y prohibidas,

ciñen el deseo

de dos cuerpos ciegos,

tormento de un viaje

que aún no comienza.

 

     DUERMEVELA

 

Duerme la luciérnaga

junto al cuerpo de la mujer

tendido en el espanto.

Acaricia sus alas

en la sombra de cada parpadeo,

en el musitar insomne,

en el grito de las doce

del tic-tac, tic-tac

que marca la vigilia.

Duerme la mujer

junto a la lumbre

de la luciérnaga

y la pesadilla

de no haber sido nunca

de nadie.

 

      MUJER ROCA

 

¿Sentirás el olor de la papaya

en una puesta de sol?

¿Abrirás los ojos para llorar

y sentirte que vas en un bote a la deriva?

Te permitirás extender las alas y volar

sin que te importe el final del viaje?

¿Cuándo mujer roca

Cuándo?

                                                                                                                         Poetas Roldanillo, Valle, Suite3


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