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* CHEMIN SCABREUX

 "Le chemin est un peu scabreux

    quoiqu'il paraisse assez beau" 

                                        Voltaire 

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Publié par VERICUETOS

                                        

 INTI BOUTIQUE (CANONIZACIÓN)

por Míguel Rodríguez, 

                                                             Para Fred y Ricardo

Rodriguez

      Miguel Rodríguez Liñán, escritor peruano

                                           

      ¿Aló? ¿Aló? ¿Aló? ¿Lenin? Como no respondía le mandé un mensajito sms –¿qué chucha quiere decir este acrónimo silbante como una serpiente?– diciéndole textualmente oye Lenin ya hablé con la patrona, okey para el sábado once de enero del 2014, mándame por favor el teléfono de Ricardo de Inti Boutique, un abrazote. Luego llama Lenin diciendo que mi fonazo lo recibió en pleno trance de curetaje dental, y que el dentista casi le arranca un diente, ja ja ja nos reimos, y yo le digo o le dije que de manera ideal uno debería ir al dentista cada seis meses o como mínimo una vez al año no sólo porque no hace daño, ¿por qué? ¿Cómo que por qué?, sino porque los dientes son la única parte visible de nuestro querido esqueleto, Lenin, y mándame porfa el fonola de Inti Boutique, ya te lo mandé dijo y nos despedimos.

 

      ¿Aló? ¿Aló? ¿Aló? ¿Ricardo?, sí, el mismo, ¿con quién hablo?, con Miguel le digo, Miguel Rodríguez, ¿El Puma? ¿El Puma José Luis Rodríguez?,  ja ja ja qué buena le digo, sólo para saludarte y para ver qué puedo hacer o con qué me puedo poner el día de la presentación, el Puma ya debe estar cocho dice Ricardo, ¿cocho? ni cagando le digo, el Puma sigue ágil, más ágil que nunca, saltos escénicos, discografías, programas de televisión, lo único malo es que se ha transformado en evangelista o algo por el estilacho, aunque mormón no creo, ja ja ja se ríe Ricardo, no le digo, es para ver que llevo, puedes traer lo que quieras dice, ¿es el viernes o el sábado?, ya quedamos con Lenin para la fiebre del sábado por la cheno, eso le dije yo dice Ricardo, así habrá más gente que puede venir, está bien digo, ya hablé con la patrona o sea con Lechón, ¿Lechón?, pregunta Ricardo algo sorprendido, mi Media Naranja le digo, es que viene también y de yapa llevamos a la Niña Diabolina, ¿la Niña Diabolina? ¿Y eso?, ya te contaré digo, bueno, para volver a nuestros borregos te cuento que tengo la intención para tan importante ocasión que yo quiero llamar mi canonización gracias a Calcinación de llevar dos cajones de diez litros de un deliciosillo vinillo del sur, un Domaine Naïs de mis viñedos personales en Rognes, auténtica y purísima sangre de Cristo, esos dos cajones alcanzan fácil para unas cuarenta personas normales pero sólo para veinte peruanos, ja ja ja se ríe Ricardo, ¿vino de cajón? ¿Dos cajones?, no, no, no dice, con un solo cajón basta, aquí el Inti también se porta con vinos y bocadillos, oye Puma, ¿y por qué no te haces una página Facebook especial o un blog para que sigas publicando tus crónicas? ¿Crónicas? ¿Las crónicas de Cronos o divinidad primordial mimo Eros?, uy, uyu yuyu yuy, hace tiempo que ya paré la mano porque ya no existe Ciberayllu, ¿quién chucha me va a leer si ya no existe Ciberayllu? ¡Ulises! ¡Nadie! además se trataba principalmente de crónicas parisinas, bueno dijo Ricardo, ya hablaremos cuando vengas, acaba de llegar un cliente, feliz navidad con anticipación dijimos y colgamos.

 

      Pasaron algunos días como simples respiraciones y un domingo de nuevo caminaba por Marsella feliz y en un estado próximo de la alucinación cuando recibí llamada del profesor Abel, ¿aló? ¿Aló? ¿Aló? ¿Miguel?, el mismo que viste y calza, profesor Abel, ¿todo en orden para la presentación?, todo en orden maestro dice Abel, cuento con tu participación profesor dije o digo, sí pero, ¡yo no tengo tu libro!, pitió Abel, ay chucha, te lo mando al toque dije o digo, por otro lado era sólo para saludarte maestro, muchas gracias digo, ¿y dónde estás? pregunta, pues figúrate que en Marsella digo, con una bella pintora nica, rumbo a su casa en el Panier, espero que tenga ese divino roncito llamado Flor de Caña ja ja ja, bueno Abel de nuevo gracias por la llamadita, seguimos al habla, un abrazo y hasta pronto dije y colgué porque sentí algo palteado al profesor Abel, de pronto estaba con la marcación.

 

      Otro día de furioso mistral llamé a Lenin o él me llamó, no me acuerdo, seguíamos organizando la presentación de Calcinación Canonización en vísperas de navidad del ya lejano 2013, y Lenin dijo que contaba para la publicidad con la participación y colaboración de mi pata del alma Jorge Tafur también conocido como Giorgio di Chirico, George o Saltitos (sólo entre íntimos, por siaca), ¿Giorgio en el Brasil?, así es dice Lenin, no podrá venir, igual viene le digo aunque sea en espíritu, pienso que ha tenido la precaución de dejar un doble o clon en París, y ese doble o clon viene a la presentación, ja ja ja se ríe Lenin, oye Lenin le digo, la verdad no me lo creo, ¿y cómo así que se fue al Brasil? ¿Será que se queda para el Mundial?, bueno compa ahí nos vidrios, un abrazo dije y colgué.

 

      Volví a la chamba en Alcatraz y un mediodía tuve la visión de don Filippo de Sicilia medio rayovac junto al rosal, de perfil ante la pared amarillo u ocre provenzal del refectorio donde almorzamos y cenamos los reclusos, aturdido y pensativo bajo la luz feroz del Mediodía francés, y me identifiqué con él y se me ocurrió llamar, un poco por las huevas, al profesor Abel para contarle mi visión pero él estaba ocupado en su chamba y no pude contarle lo de don Filippo, es decir lo de mi propia calcinación de la época cuando la escribí, calcinación creo que relacionada con esta luz paradisíaca, todo bien maestro dijo, y colgó.

 

      Pasó cierto tiempo de una manera como cangrejil  y un poco antes de la navidad de aquel 2013 del paleolítico inferior se me ocurrió llamar al camarada Lenin porque no vi ninguna publicidad, reventazón de cuetes o bombo para la presentación en el Libro de Caras o Facebook, órgano mágico-mediático de nuestra predilección. Estaba botando la basura en sus respectivos contenedores (¿así se dice?) de reciclaje en un descampado detrás de la compañía de bomberos del bosque donde chambea mi pata franchute Joel Carminati, estaba pues contemplando, no mirando sino verdaderamente con-tem-plan-do las hermosas colinas forradas de verde que te quiero verde a la izquierda de nuestro lago, aquí en Peyrolles, y en contemplando me cagué de risa porque me acordé que el poeta de Asnières me ha puesto la chapa, una más, una raya más al tigre, una más y ya no queda espacio y me convierto en pantera negra, de señor de los peroles ja ja ja, me reía, ja ja ja, como un loquito, prendiendo un cigarrito, ahora totalmente, to-tal-men-te, extasiado, ex-ta-sia-do ante la visión espléndida de las colinas doradas y verde que te quiero verde, una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ¡ay chucha!, como si fueran respectivamente el Monte Aventino, el Monte Celio, el Monte Campidoglio, el Monte Esquilino, el Monte Palatino, el Monte Quirinal y el Monte Viminal (¡Gracias Wikipedia! ¡Gracias internet! ¡Gracias Bill G        ates!) cuando se me ocurre u ocurrió llamar a Lenin para desearle feliz navidad y próspero año nuevo, ¿aló? ¿Aló? ¿Aló aló? ¿Camarada Vladimir Ilich Ulianoff  Lenin?, el mismo dice Lenin ja ja ja, estoy en Italia, en Roma, ¿en Italia? ¿De paso por Roma? ¡Increíble! ¡Lenin  en Italia en el preciso momento de mi histórica evocación de Señor de los Peroles frente a las siete colinas de Peyrolles! ¡Qué bacán! El camarada Lenin en Milano caminando por la via Dante por ejemplo, luego un yiro completo por la bella Italia de passarella por Suiza, Ginebra por ejemplo, Milano, Pavia, Verona, Venezia, Boloña, Rimini, San Marino (¿San Marino?), Roma y Génova, qué bacán, ¡Pavia en Lombardía! ¿Te acuerdas de ese libro de Edmondo de Amicis titulado Corazón que es puro sentimiento, puro corazón? ¡El pequeño vigía lombardo! ¡El colegio Antonio Raimondi ! ¡Pavia pillada por Atila! ¡Destruída por Odoacro! ¡Y conquistada por Carlomagno! ¡Gracias Wikipedia!, ¿aló? ¿Aló? ¿Aló? ¿Rimini? ¿Dante? ¿Güelfos y gibelinos? ¿Malatesta? ¿Los príncipes de Malatesta? ¿El templo pagano de Malatesta? ¿Sigismondo Malatesta pintado de perfil por Piero della Francesca? Il lupo di Rimini? Signor di Rimini? ¿Los divinos Cantos de Ezra Pound? ¡Por la puta madre! ¿Y cuándo vuelves a París camarada Lenin? ¿Todo en orden para la presentación de Calcinación o sea para mi canonización?,  ja ja ja se ríe Lenin, sí, todo en orden camarada Miguel pero no puedo hacer una publicación por Facebook bien vistosa, me faltan ciertas aplicaciones XZYH, tienes que ayudarme, aguanta el carro le digo, que de informática no entiendo ni michi, casi no computo, justo lo necesario para navegar un poco por internet y chismosear en el Libro de Caras, ¿libro de Caras?, pregunta Lenin, Facebook digo, que eso quiere decir en inglés (mientras tanto yo seguía pensando, por la putamadre, ¡el Canto V del Inferno! ¡Francesca da Rimini e Paolo Malatesta, probable ancestro de Sigismondo Pandolfo Malatesta, padre de Paolo y del agraviado Giovanni! Amor, cha’l cor gentil ratto s’apprende / prese costui de la bella persona / che mi fu tolta, e’l modo ancor m’offende / Amor, ch’a nullo amato amar perdona, / mi prese del costui piacer si forte / che, come vedi, ancor non m’abbandona! / ¡Por la reputamadre !!!), libro de caras, carátulas, caruchas, carabelas, carambas o carabinas, ja ja ja se ríe Lenin, a ver si me ayudas repite, claro le digo, hoy mismo confecciono un texto para Facebook, un texto de invitación con una foto donde apareceré con Niña Diabolina, no con Lechón, ja ja ja se ríe Lenin caminando por la via Dante, bueno Miguel dice, gracias por la llamada, disculpa, no puedo hablar mucho porque me sale caro, ya nos veremos en París, sale y vale dije antes de decirme, tengo mi famita en París, en el medio perucho al menos, pero si no se enteran, ¿cómo chucha van a venir?, de modo que pasé la bocina por Face en publicación del 5 de enero del corriente 2014 después del Christos y 126 de la nueva era, invitando a raimundo y a todo el mundo, con una foto donde aparezco con nuestra bella Niña Diabolina, récord total en esto del Libro de Caruchas y Carámbanos, 47 j’aime !! increíble !!, gracias al cual la noticia se regó y se prendió echando chispas como un reguero de pólvora bien cargado, y eso que personalmente sólo le pasé el yaraví a unos diez amigos que conozco en carne y hueso, considerando con cierta prudencia las dimensiones del Inti local adaptado para unas quince personas sentadas y unos cinco paraditos, de modo que cuando Anouk sacó otro afiche-anuncio-bombo en el Libro de Carátulas o Libro de Cabezas, yo le dije gracias Anouk, pero pucha, ¡habrá un montón de gente! ¡Un culo de gente!

 

      Mi bienquerida Sabine a quien llamo amorosamente Lechón se ocupó del albergue en Lutecia. Así pudimos ocupar un magnífico apartamento de función (bancaria, puesto que Lechón chambea en el banco Crédit Agricole) sito en el 127 bis de la rue Marcadet propicia a los recuerdos tipo 2006 para la final del Mundial entre Francia contra Italia o viceversa cuando vi a un viejito moro detrás de unos tachos de basura  que tenía una banderita argelina y que decía riéndose ¡Zidane es cabile! ¡Zidane es cabile! Zidane va marquer!, qué tal golazo de penal, propicia sobre todo a mis recuerdos en la esquina con la rue Eugène Sue adonde llegué con el hombro dislocado después de una pelea huevona  en la rue Rochechouart cuando traté de defender a una prosti de su ficho que la estaba abollando, pelea en la que me trasformé en Bruce Lee con saltos mortales tipo Shaolín, pelea en la que al final la prosti me dio un empujón gritando touche pas mon mec !, en fin, París es París y Lutecia su chapa, super depa en la rue Marcadet, pues.

 

      ¿Aló? ¿Aló? ¿Aló?, llamé a Manuel Hilario Moreno la Bruja para invitarlo a nuestro acontecimiento y como me respondió con una voz totalmente fantasmagórica le pregunté, ¿qué pasa mi Bruja? ¿Qué pasó? ¡No me preocupes!, estoy un poco malito Minotauro dijo, pero ya se me pasará, bueno le dije, es para invitarte este sábado 11 de enero a la presentación de Calcinación Incineración Cremación Chamuscación, ja ja ja se rió la Bruja y de nuevo le pregunté, ¿qué pasa mi Bruja? ¡Tienes una voz como de ultratumba mi Bruja! ¡Una voz como del más allá! ¡Como del otro lado de la Estigia!, es que de verdad estuve un poco malito Minotauro, sobre todo después del suicidio de mi novia, tranquilo mi Bruja le digo, lo sentí muchísimo, pobrecita, esa hembrita fue una excepción que yo sepa porque a tí te gustan las gordas grandes y rubias, ¿no?, así es mi querido Minotauro, gordas, altas, grandes, rubias, con buenas tetas, tetazas de preferencia, y con buenas billeteras,  ja ja ja me rio, oye Minotauro dice, te cuento que tengo una super idea, una idea brillantísima,  a ver, ¿cuál? pregunto, y la Bruja dice que sería de la putamadre contar o describir, pintar o incluso fotografiar a los baños de los artistas, esos baños surrealistas impresionantemente impresionistas, como el baño de Franklin Guillén por ejemplo, o mi propio baño de aquellas épocas cuando vivía en París cerquita del metro Barbès-Rochechoaurt, cuando el techo casi se caía o parecía que se caía inflado por cascarones de agua de una cañería rota en el piso de arriba, el piso de la bella madame Duchy, o el baño del Chino Mario cuando vivía allá por la Porte de Saint-Ouen, ¿qué te parece la idea Minotauro?, de la putamadre digo, sólo te queda realizarla, ya lo pensaré mi Bruja, tomo notas de todas mangas, espero que puedas venir a la presentación, ¡un abrazote! ¡Cúidate mucho!

 

      Así llegó el día D de départ. Escoltado por mi buen Lechón y por Niña Diabolina, versión franco ítala de un Paolo Maldini, de un Fabio Cannavaro, Niña Diabolina especialista del catenaccio y la marcación milimétrica, llegamos a París el 9 de enero a la Gare de Lyon. ¿Llovía? No, no llovía. Era el infame aguacero. El maldito aguacero. El deprimente agua y cero. De modo que hicimos cola y nos metimos en un taxi. Tengo un recuerdo bien bacán y bien preciso del simpático taxista made in Argelia, con quien hablé del reciente problema o intrusión de l       as motos taxi que hacen la competencia en la gare de Lyon. ¡Ah Lutecia! Después del amabilísimo taxista, el maravilloso conserje de los edificios entre los que se encontraba el super depa, también made in Argelia, de modo que le pasamos un saludo a Argelia entera, menos al vecino de la ex mujer de la Bruja, un huevonazo según entiendo. Dejamos las maletas y salimos a dar una vuelta, Lechón algo inquieto, Niña Diabolina feliz como una lombriz, porque le había dicho a mi Lechón que Marcadet por el lado del boulevard Barbès es medio achore, mosca, lo mejor será que bajemos en el metro Jules Joffrin, ¿ok? Después me di cuenta que me estaba comportando como un huevón, como si tuviera miedo, ¿miedo de qué o de quién? ¿De los rateros?,  no, creo que era por el mal recuerdo de esa pelea en la que defendí a la prosti que finalmenté me jodió el hombro derecho la víspera de la final del Mundial en Alemania, la víspera de esa final Francia versus Italia cuando Zizou le dio un cabezazo al vicioso defensa Materazzi. Salimos pues a hacer unas compritas por el lado de la rue du Poteau. En el supermercado, mi Lechón primorosamente vestido de marrón y beige medio que hizo la gueule porque mientras ella y Niña Diabolina se dirigían a los escaparates de las leches, las mermeladas y los chocolates, yo me dirigí mimo flecha a los escaparates de  los vinos y las chelas, donde atrapé un pack de chela franchute 1664 y una botánica de tinto del suroeste francés evocativo de una super hembrita medio brujita que conocí antes de Lechón, y como por esas típicas interferencias de la vida común no nos poníamos de acuerdo para una cena en el super depa, Lechón se puso como saltón pues vine de la sección carnes y comestibles con las manos vacías, diciendo que no sabía qué comprar. La verdad, era por la puta plata. Casi misio me vine a París para la presentación de Calzón, Canción, Calcinación, Carbonización, Canonización, Cancinación, Carnación, Calzonización, Carajización e incluso Cauterización, ¿no, hermoso Lechón? ¡Qué vergüenza! Tenía como la mala impresión de que explotaba a Lechón, o que tendría que sangrarlo, no lo hice pero tuve la tentación y me fui arreglando con lo que tenía, ciento cincuenta misérrimos eurófilos para cuatro días en París, qué mierda, cuando hay hay, cuando no hay no hay, ¿y qué? Mientras tanto daba vueltas como león enjaulado en el super depa, trataba de ponerme en contacto con los muchachos, Rolo el Salvajón, Pepe, Hugo, Mario, ¿aló? ¿Aló? ¿Aló? ¿Mario? ¿Mario Wong?, rin rin rin y nada de nada, dejé un mensaje en el respondedor, volví a llamar tipo seis y de nuevo nada, lo más probable es que Mario Wong, poco ducho como yo con estas maravillas de la super tecnología, hubiese hecho una mala manipulación,  ¿y entonces que?, pitió Lechón, ¿qué de qué?, dije, no se prepara nada y vamos esta noche a un restaurante dijo Lechón medio mandoncito, instigado o apoyado por Niña Diabolina.

 

      ¿Aló? ¿Aló? ¿Aló? ¿Pepe? ¿Compadre Pepe?, hola Miguelito, qué alegría dijo mi compadre Pepe Pepino Pepuán desde su domicilio en el Patio de la Gracia de Dios, oye compadre Pepino le dije o le digo yendo directo al grano, ¿me puedo franquear?, pero claro Miguelito dijo dice Pepe, ¿en qué te puedo ayudar?, sabes que he venido en familia le dije, o sea con marcación, ja ja ja se ríe Pepe, sí cholo pero tú eres un habilidoso delantero, en cuaquier rato las dejas tirando cintura, ja ja ja me río, en efecto soy un super puntero izquierdo, pero resulta que hoy nuestra Niña Diabolina quiere ir al restaurante, a un buen restaurante además, ya sabes que es nuestra consentida, mimada, festejada, acariñada y muy querida nuestra Diabolina, y te cuento compadre Pepino que estoy super cortina de balas, tengo muy poco con qué disparar, hace quince días me dejaron casi totalmente misio unos viejos cobras por intermedio de una vieja conchesu de Lambesc, una huissier de justice, ¿cómo mierda se dice eso en español, perdón, en castellano? ¿Ujier?, no creo decía yo monologando, que ujier es un portero o algo así, ¿no?, no sé Miguelito dijo dice Pepe, un huissier dizque de justicia repetí, ¿justicia? ¡Ni cagando! ¿Cómo va a ser justicia despojar de sus cuatro chibilines a un poeta refugiado político en casa de Lechón?, y además te cuento le seguí diciendo, nuestra Niña Diabolina se diabolinizó anteanoche y de nuevo tuve otra bronca con Lechón, dijo Diabolina que en esa casa mandaba Lechón, no yo, y yo dije claro que sí carajo aquí mando yo, no dijo, porque la casa la había comprado Lechón y que yo además me había adueñado de su ordenador Toshiba, putamadre, casi vi rojo, un poco más y trata de camarón a Jhonny Pacheco que no sólo paro la olla sino que también les hago de comer todos los putos días, a este lavador de calzones y calzoncitos, de medias y mediecitas y montañas y montañas de ropa que nunca se acaban, amén de otras actividades y sacolarguismos de tipo doméstico, en fin, pero como soy bueno y huevón ahora quiero llevarla a un restaurant bien bacán, ¿entiendes Pepino? ¿Me puedes hacer la taba?, le pregunté y seguí diciendo que me daba roche que Lechón gaste y gaste, ¿entiendes?, perfectamente Miguelito dice Pepe, no te preocupes, nos vemos a las siete aquí en Belleville, y disculpa que no podamos invitarlos a casa, estamos en plena mudanza, casi todo ya está en cartones, el depa está hecho un desbarajuste, un desastre, cartones por todos sitios, bueno ya no la hago más larga, los espero a las siete, ¿ok?, oki doki Pepe dije, y colgué.

 

      Mi hermoso Lechón y la Niña Diabolina se arreglaron, maquillaron, perfumaron, retocaron, se pusieron bien bonitas, bien pizpiretas y ya estamos yendo rumbo al metro Marcadet-Poissonniers, pasando por la rue Eugène Sue donde antes vivía el Salvajón, aquí vivía el Salvajón les dije, aquí mismo, ¡si esta casa o templo pudiera hablar!, pero mi comentario les valió huevo como dicen los colombianos, les importó un culo mejor dicho, es que tenemos referencias vivenciales muy distintas, normal, nada más normal, bueno, seguimos por la rue Simart, de nuevo por la rue Marcadet, y ¡glup!, fuimos como aspirados por la boca del metro.

 

      Al llegar a Belleville Niña Diabolina empezó a mostrarse tan impaciente que, la verdad, como que vagamente me provocó darle un coscorroncito de esos raspados, pero no, qué va, ni cagando, ni siquiera un cocachito sino Lechón se transforma en tigresa, en osa, en leona, en loba, en mamá foca, saca las garras filudas y me destroza el esternón, mínimo, cuando, uf, llegó Pepe y se cerró el amago de nueva discusión. Fuimos a tomar un aperitivo en un bar frente al habitual Aux Folies, y mi compadre Pepe seguía muy preocupado por eso de la mudanza frustrada, pero en hablando y hablando se le pasó y se emocionó cuando le dije que Niña Diabolina leía y recitaba su hermoso poemario La estrella negra del animal, dos copetines nomás y gran actuación de la sinhueso, bla bla bla, blá, blá, blá, luego nos trasladamos al excelente restaurante Tay Yeng, ¡el chifa Tay Yeng  de Chimbote en los años setenta! Este recuerdo me iluminó y de nuevo me sentí muy feliz por la inminente presentación de Cancinación, Carnación, Canonización, Calzón tirando p’abajo porque como dice Lao Tsé todo lo que sube baja, Calzonización pues y de pronto Carbonización, ja ja ja se reía Pepe mientras que Lechón y Niña Diabolina estaban como en éxtasis frente al acuario donde se movían unos hermosos peces rojos gordos y bocones, donde consumimos platillos al vapor, un delicioso pescado vietnamita muy parecido a la chita de la patria, nems, arroz chaufa, pollo al curry, rotisería de pato y chancho laqueados, uf, y una sola botellita de un Côtes-du-Rhône buenazo, terroso y viril, luego chau compadre, nos vemos mañana y, ¡muchas gracias! ¡Stop! Una variante de lo anterior, a ver qué tal me sale. Mi compadre Pepino estaba notoriamente contrariado y medio apesadumbrado por una serie de líos o concatenación de acontecimientos nefastos relativos a su mudanza, tarde o temprano eso se arregla compadre le dije, paciencia, paciencia, y nos fuimos en pos de un aperitivo en nuestro bar Aux Folies sito en la misma rue de Belleville, que estaba repleto y donde había musicantes, de modo que no estando mi compadre Pepe con ánimo de fiesta, caballeros, nos fuimos al otro bar de la esquina donde Niña Diabolina pidió un diabolo con granadina, Pepe una copa de Burdeos, mi divino Lechón un té a la menta porque con la menta el amor aumenta, y yo una clásica Leffe, luego otra y ya. Nos dirigimos hacia el bello chifa Tay Yeng (acuarios con peces anaranjados bocones, somozas o mozos chinos que masticaban su español, Pepe recibido como un mandarín) donde nos instalamos para degustar una serie de diversos platillos deliciosillos, rotisería de chancho y patos laqueados, camaroncitos y carnita de cerdo al vapor para nuestra Niña Diabolina, un pescado asiático casi tan exquisito como la chita de la patria, arroces blancos y chaufas, pollos al jengibre debidamente rociados con un sobrio Côtes-du-Rhône, hay que guardar cuerpo para mañana, dije. Y cuando llegó el momento de paganini,  ¡záz!, como por magia Pepe sacó una envidiable tarjeta Visa Premier de oro, me guiñó el ojo y pagó. Perfecto. Como lo ya convenido, nos dijimos hasta mañana en El Corazón Coronado, Le Cœur Couronné o mejor dicho La Leffe en Châtelet al ladito de la Place Joachim du Bellay, para coordinar con Jorge, Lenin y Abel ajustes y detalles de la presentación.

 

      Por la noche sueño. Sueño que sueño y dentro de este sueño hay otro sueño. Despierto temblando de angustia y terror debido a una espantosa pesadilla transitada por esos tigres dientes de sable de la prehistoria que mordían en la nuca, matándolos de inmediato, a hermosos tigres de Bengala que yacían en tremendos charcos de una sangre que fluía interminablemente, uf, qué horror. En la pesadilla no estaba mi Lechón. Había desaparecido. Desperté temblando, sudando, me aferré a mi Lechón tibiecito y di gracias no a los dioses olímpicos sino a las divinidades primordiales griegas. Le conté la pesadilla y luego me calmé. Exhausta, nuestra Niña Diabolina dormía y dormía a pierna suelta como un duende después de una fiesta, o después de haber bailado toda la noche con otros duendes, con Rumpelstilzchen por ejemplo. Cuando salieron a dar un vueltón solas rumbo a museos, exposiciones, compras en los Campos Elíseos, arcos del triunfo, pirámides de cristal y ruedas de Chicago en las Tullerías, yo empecé a escribir estas líneas. Preparé pasta con ajo y cebolla, tomate y aceite de oliva. Sorbí dos chelas 1664 en escribiendo; con la pasta simple y de la putamadre, le di trámite a media botánica de un Côtes-du-Rhône con medalla de oro; luego, me puse a chismosear un poco en el Libro de Caruchas, seguí escribiendo un poco y de repente se me prendió el foquito y se me ocurrió llamar al poeta Julio Olaciregui de Barranquilla, uno de mis presentadores cuando mi primera canonización en la Maison de l’Amérique Latine, pero como no tenía su número llamé a Alfredo que no podía venir, ¿aló? ¿Aló? ¿Alfredo?, oye Alfredo le digo, saludos, qué tal, quiero invitar a Julio para la calcinación de mañana pero no tengo su número, ¿puedes dármelo por favor? Miguel lo siento pero como ya te dije no podré asistir, debo ese día hacer frente a problemas familiares, no importa le digo, otra vez será, apunta dice Alfredo y me da un número, el número de la AFP donde la recepcionista me comunicaría directamente con Julio, entonces llamé al toque y pasó algo increíble, pues en lugar de comunicarme directamente con Julio la voz cálida, agradable, femenina de la recepción me dio otro número al cual llamé de inmediato y donde otra voz me respondió muy amablemente, no sé si de España o de América Latina, la cual me volvió a dar el primer número al que llamé y recién me pasaron a Julio de Barranquilla, ¿aló? ¿Aló? ¿Julio? Hola Miguel qué gusto pana dice Julio, es para decirte le digo, que el daimon o buen demonio griego se sigue agitando y que he logrado publicar otro libro de poesía, es para invitarte a la presentación mañana sábado por la cheno a partir de la seis p.m. en el Inti Boutique, establecimiento sito en la calle de la Picardía número tal, metro Temple, anímate le digo, si el otro daimon menos griego lo permite dice Julio, porque mañana trabajo hasta tarde, hasta las diez, uy entonces va a estar difícil digo, oye pana dice Julio, aquí está Eduardo, te lo paso para que lo saludes, pásamelo pásamelo digo, para invitarlo también, ¿aló? ¿Aló? ¿Eduardo? Hola Miguel, qué gusto, hacía tanto tiempo, no Eduardo, no soy Miguel, ando disfrazado, en verdad soy un agente secreto enviado por el Mensajero Porfirio Barba Jacob en espíritu puro, ja ja ja se ríe Eduardo y entonces le cuento lo del rebote mágico de las llamadas, por lo que sí, efectivamente, concluímos, se trataba simple y llanamente de una maniobra del espíritu presente de Barba Jacob que en verdad era mi tocayo, ¿no?, así es dice Eduardo, se llama Miguel Ángel Osorio Benítez, le das un saludo de mi parte al autor de Aquarimántima, ¿has leído la Canción de la vida profunda? ¡Como cien veces digo! (Hay días en que somos tan móviles, tan móviles, como las leves briznas al viento y al azar. Tal vez bajo otro cielo la Gloria nos sonríe. La vida es clara, undívaga, y abierta como un mar. Y hay días en que somos tan fértiles, tan fértiles, como en abril el campo, que tiembla de pasión: bajo el influjo próvido de espirituales lluvias, el alma está brotando florestas de ilusión. Y hay días en que somos tan sórdidos, tan sórdidos, como la entraña obscura de oscuro pedernal: la noche nos sorprende, con sus profusas lámparas, en rútiles monedas tasando el Bien y el Mal. Y hay días en que somos tan plácidos, tan plácidos… ¡Niñez en el crepúsculo! ¡Lagunas de zafir! que un verso, un trino, un monte, un pájaro que cruza, y hasta las propias penas nos hacen sonreír. Y hay días en que somos tan lúbricos, tan lúbricos, que nos depara en vano su carne la mujer: tras ceñir un talle y acariciar un seno, la redondez de un fruto nos vuelve a estremecer. Y hay días en que somos tan lúgubres, tan lúgubres, como en las noches lúgubres el llanto del pinar. El alma gime entonces bajo el dolor del mundo, y acaso ni Dios mismo nos puede consolar. Mas hay días también ¡Oh Tierra! un día… un día… un día… en que levamos anclas para jamás volver… Un día en que discurren vientos ineluctables ¡un día en que ya nada nos puede retener!… ¡Gracias Mensajero! ¡Gracias Google!),  qué maravilla de poema digo, bueno Eduardo ya sé que terminan tarde pero ojalá puedan darse un salto, un abrazo y, ¡qué Viva Colombia!, dije ¡Qué viva Colombia hijoeputa!, pensé  y colgué, tomé un cafecito, fumé un cigarrito y tipo cuatro me dormí.

 

      Tipo cinco me desperté mimo Diablo de Tasmania, de un salto, me vestí, perfumé, salí, caminé, me zambullí en el metro rumbo a Odeón, y de allí emergí y ya estoy caminando a trancazo firme rumbo a la Galerie Edifor en el 23 rue Guénégaud (Henri du Plessis-Guénégaud, Señor de Plessis-Belleville, marqués de la Garnache, hombre político y letrado del siglo 17, el siglo de oro de la literatura francesa  ¡Corneille! ¡Racine! ¡Molière! ¡Jean de La Fontaine! ¡Paul Scarron! ¡Cyrano de Bergerac! ¡Charles Sorel! ¡Boileau! ¡Madame de La Fayette! ¡Malherbe! ¡Pascal! ¡Bossuet! ¡La Bruyère! ¡François de La Rochefoucault! ¡Saint-Simon! ¡Charles Perrault! etc etc! ¡Disculparán la pequeñez! ¡Gracias Wikipedia!) para visitar al poeta Elqui Burgos antes del conciliábulo con los musicantes. Siempre es para mí tremendo gustazo ver a Elqui. Algo como cálido, sincero y fraterno sale de él así nomás, espontáneamente, naturalmente. Si ángeles hay, uno de ellos es Elqui. Diablo de Tasmania dixit. Había un bello Papá Noel artista. Había un muchacho de mi edad con quien evocamos la Caracas del oro negro. Y había sobre todo la sonrisa y los ojos traviesos de mi medio tocayo Luis Miguel y los ojos de su compañera hablando en español perfecto. Cuando Elqui me propuso una taza de té, Luis Miguel soltó un bufidito. Yo, caballero, acepté el té, mimo inglés. Mi medio tocayo de nuevo bufó, pues era como ofrecerle té o un vaso de agua al Cónsul de Cuernavaca, supongamos. El bello Papá Noel, Luis Miguel y su compañera dijeron que se apuntaban para mañana, que ya lo había visto en el Libro de Carátulas, Libro de Caramántulas como Aquarimántima, de la putamadre dije cuando llamó Lenin, ¿aló? ¿Aló? ¿Aló?, disculpen les dije, nos vemos mañana, qué chévere que vengan, gracias Elqui, ¿aló? ¿Aló? ¿Lenin? pregunto ya caminando de nuevo hacia Odeón, rumbo al encuentro preparatorio calcinatorio, y resulta que Lenin no encontraba La Leffe en su cartografía mental parisina, tienes que salir por Sainte Opportune obligatoriamente le digo, luego a mano derecha, recto, cruzas la rue des Lombards, luego llegas a la rue de la Ferronerie y allí mismo es, allí mismo nos vemos, estoy saliendo de la galería de Elqui, llego dentro de veinte minutos a lo más, dije, okey dijo Lenin.

 

       Puntual tipo cholo suizo fui el primero en llegar, luego el camarada Lenin, luego Jorge, luego Mario Wong, ¿y Pepe? , ya no tarda en llegar dije, aunque no sé por qué me imaginaba que estaba con el Salvajón y de pronto con mi compadre Huguito en uno de esos hermosos cócktails de la Unesco, o sea que nos estaba sacando ventaja, pero ya llegará, ¿y el profesor Abel? Abel llega después de la chamba tipo ocho y media dijo Lenin y nos introducimos en La Leffe donde Momó estaba medio de malas pulgas y el otro pata moro parisino también, pero de inmediato se alegraron porque Mario pidió una botánica de Bordeaux sorbida en un santiamén, y yo como un huevón pedí una Leffe, luego pura vinatea de reynoso, botella tras botella, ¡Momó! S’il te plaît! Une autre bouteille ! ¡Y cancha también! ¡Y aceitunas verdes! ¡Y pop-corn! ¿Cómo que no hay cancha?,  ja ja ja se reía Lenin cuando llegaron Pepe, el Salvajón  con el amigo Noel que yo creía perucho y que resultó venegas, y el Salvajón se la pasó hablando en mexicano por culpa de una belleza made in Méjico lindo y querido. Tal como lo sospechaba, nos habían estado sacando ventaja en la Unesco a ritmo de margaritas y tequilazos. Rápido, se discutió eficazmente para la organización de la calcinatoria presentación. Primero hablaría Jorge, luego Pepe, luego Lenin, luego Abel para el cierre, ¿y yo ?, pitié, yo también he preparado alguito, no, no, no dijo Jorge, tú sólo recitas. Exacto dijo Pepe, pero empiezo yo, luego Jorge. Y tú cierras con una lectura más amplia. Perfecto dije. Así quedamos, ¡Momó! Une autre bouteille s’il te plaît ! Mario me animaba para ir a una parrillada uruguaya, pero al ver como discurría el vinillo (cada quien se puso su botella) y las papas fritas cortesía de la casa, yo dije no Mario, hoy difícil, mañana ya me comprometí para ir a la radio, mejor vamos a tomar un sopón chino en Ópera, dijo Jorge, un sopón chino por aquí dijo Pepe, hay que guardar cuerpo para mañana, pero putamadre, pitié, ¡no podemos pasarla guardando cuerpo!, de pronto puro calabaza calabaza, y entre broma y broma ya casi eran las once y media cuando Jorge se retiró, y después todos, ¡calabaza calabaza! ¡Hasta mañana! Al llegar al super depa cerca de Montmartre, en punta de piés para no despertar a mis fieras, me deslicé al lado de mi divino Lechón tibiecito.

 

      Hasta que llegó el importante sábado 11 de enero del 2014 después del Christos y 126 de la era Friedrich Nietzsche o nueva era. Había tenido yo la intención de ir a un almuerzo en casa de mi amiga Chabuquita después de Radio Plurielle, pero no, mejor no porque hemos quedado en reunirnos tipo cinco, cinco y media a más tardar para los últimos ajustes y preparativos le dije a Chabuquita, de modo que no era prudente llegar ya calcinado, ¿y cómo nos vestimos?, había dicho Lenin la víspera, ¿con saco y corbata? ¿Con terno?, no, no, no, así nomás dije, normal. Como estábamos algo atrasaditos, cometimos el error de ir en taxi, era la hora del más intenso tráfico parisino, sinónimo de trancón. Encima, había una huelga o manifestación cerca del Inti Boutique. Igual llegamos tipo cinco y media, ya estaban allí Lenin, Abel y Jorge, fuimos muy bien recibidos por Ricardo y Fred, Lechón procedió a la adquisición de ciertos productos imprescindibles (ají panca, ají amarillo, rocoto, maca, baba de caracol, chocolate Donofrio Triángulo, Inca Kola), la gente empezó a llegar y llegar, abajo Frédéric hizo magia para que se sentaran unas quince personas, y yo estaba muy contento de ver a José, Anouk, Walter, Rolo, el Gato Frisch, Kavawil, Ada madrina etcétera etcétera, es que vino mucha gente, más de lo previsto en todo caso, un poco más y hubiéramos debido empujar las paredes. Opino que nos salió muy bien. Sólo recité, tal como acordado, para empezar y terminar. Hubieron simpáticos aplausos sinceros después de cada intervención, una salva final bravo, bravo, ja ja ja me reía yo de la emoción, y de inmediato pasamos a vinatea de reynoso con un deliciosillo vinillo made in Perú campeón, ¡bravo! ¡Hip hip hip hurra! ¡Salud por eso!

 

      Pero regresemos a esa mañana fundamental con cielo espeso y amenaza de aguacero. ¿Lloverá o no? ¡Espero que no, carajo! Porque cada vez que vengo de las terrazas del sol a Lutecia gris París, no traigo paraguas, y cada vez lo mismo, de pronto interviene el feo aguacero y a comprar paraguas nuevo. Pues bien, queridos radioyentes, si decliné de la invitación a la parrillada uruguaya de la víspera propuesta por Mario, por eso fue, por ésto es, por la invitación de Radio Paris Plurielle Émission Americas 106. 3 FM  con Osler Amaro y su equipo de micros de oro (como dice Guillén), porque tenía y tuve que levantarme muy temprano, tipo siete, máximo, o mejor a las seis y media porque no me gusta andar apurado-estresado, había concertado cita con Luis Carlos Murayari Coral este mismo sábado a las ocho, ¿a las ocho? ¡A las ocho y media mejor! ¿Sí? ¿Aló? ¿Aló? ¿Carlos? Indicaciones precisas. Metro Ourcq, línea 5 direction Bobigny-Pablo Picasso, sales por la escalera eléctrica y de frente, al salir (de las vísceras de París pienso) hay un Tabac, dice Luis Carlos, allí te espero a las ocho y media, cualquier cosa me pasas una llamadita, hasta mañana Miguel, un abrazo, igual Carlos dije, y colgué. Y como ayer es hoy ya voy, ya estoy surgiendo de las duras tripas parisinas por la boca del metro Ourcq a las ocho y media clavadas, hola Carlos, qué gustazo, ¿somos paisanos no?, no dice Luis Carlos, yo soy de Yurimaguas, ¡ay chucha!, casi grito o grité ¡Yo siempre creí que eras chimbotano!, oye Miguel ¿sabes que acabo de ver a Guillén?, dice Carlos, ¿ah sí? ¡Ese es medio brujo!, casi grito de nuevo, ¿y qué? ¿Viene a la radio?, sí dice Luis Carlos, yo le dije que te estaba esperando, que ya no tardabas en llegar, ja ja ja me río, no sé cómo ha hecho ese Brujo de Yungay nacido en Carhuáz, seguro que se las olió, o alguien le chismeó, ¡yo no estoy esperando al poeta Chicharrón! ¡Más chicha que ron!, había exclamado el Brujo-Conde maletero, ¡Yo vengo a ver a Osler!, y se fue apurando el paso a la radio para adelantarme, ¡allá nos vemos!, amenazó cuando a los treinta segundos llegué yo, Johnny Pacheco, increíblemente fresco pese a la tranca de anoche, cosa que sorprendió a Carlos, ¿Yurimaguas? pensé mientras caminábamos también rumbo a la radio, ¡Loreto! ¡Yurimaguas la Perla del Huallaga! Seguíamos avanzando, conversando y de buen humor, luego Luis Carlos entró en una tiendita y salió con unos vasos de plástico. Al llegar a la radio, timbró como tres veces. Por fin nos abrieron. Nos instalamos. Saludamos a Osler, qué gustazo, y al Brujo Guillén. La verdad, el insólito Brujo estaba contento de verme, se hacía el cojudo nomás, es que no habíamos podido ponernos de acuerdo para la eventualidad de eventualidades, o sea para la desde ya famosa publicación de su biografía (Vida de Guillén mimo Vida del Buscón, Guillén de Alfarache o el Conde de Tormes) tituladita cortitamente Cartas a Mauro de su hijo Guillén de París, uf, que terminé hace dos años, ¡qué digo! ¡Tres años! ¡Y todavía sigo esperando las ilustraciones! ¡Las putas ilustraciones! ¡Brujo de mierda! ¡Yo lo quiero como a un primo hermano mayor! ¡Como al hermano mayor artista que no tuve! ¡Pero ahora sí todo se acabó! ¡Murió el payaso! ¡Todo se derrumbó!, le había estado yo contando a Carlos minutos antes, ¡y si quiere que siga siendo su escriba personal, pues lo espero allá en Marsella! ¡En Notre Dame de la Garde! ¡Y tiene que subir de rodillas desde abajo! ¡Desde el Vieux Port!, ja ja ja se reía Luis Carlos y en este momento ya estamos instalados frente a nuestros respectivos micros de platino, frente a nuestros respectivos micros de oro, listo Franklin para maletearme, bueno, casi listo, cuando en ese mágico instante, como para hacer gárgaras y hablar mejor, ¡ploc! Luis Carlos descorchó un deliciosillo vinillo gris Gérard Bertrand / Grenache / Sud de France frais et fruité 2012 bastante mañanero, pero yo caballero, y Franklin  muerto de la risa, preparando su intervención cuando Johnny Pacheco de nuevo transfigurado en pendejo traté de madrugarlo y le pedí o le pido que me lea o muestre su libelo, yo masacro con poesía dice o dijo el Nuevo Diablo de los Andes, ex Conde de Montecristo, también conocido como el Monstruo Guillén aunque ahora ya no chupa, también conocido como Ñau Ñau o Miau Miau con su frazada de gatas, yo soy el Nuevo Demonio de los Andes volvió decir cuando le dimos jaque mate al deliciosillo vinillo matinal… ¡Qué gran sentimiento de alegría! ¡Y cuánta paz! La verdad, me sentí, en aquel instante, en un estado de la putamadre próximo del trance o transe (nunca sabré cómo chucha se escribe), del éxtasis, cuando el mundo fenomenal e incluso el metafísico adquieren una súbita luminosidad que da cosquillas, ¡qué alegría, carajo! Y eso porque es o era la primera vez que pasaba por la radio, que iba a hablar por la radio, y en París además. De París para el mundo entero, o sea para todos los hispanos e incluso franchutes hispanizados, argentinizados, colombianizados, peruanizados radioescuchas de Radio Plurielle Paris o Paris Radio Plurielle 106. 3 FM, pero, reflexioné, esencialmente para un público perucho. En esto de hablar en público ya sea me sale super bien, ya sea me sale hasta las huevas, es un misterio, pienso algo paranoico que también depende de las energías psíquicas circundantes. En este momento, frente a un público invisible o mejor dicho rumbo a las oídos (casi digo orejas) del nuevo monstruo, pese al gran sentimiento de felicidad que me baña por dentro como un buen ron, me siento algo nerviosito. Respiro. Me concentro como un monje shaolín que camina sobre una fina hoja de papel de veinte metros mojada sin romperla. Como en una película, visualizé la rue du Poteau visitada la antevíspera. De nuevo vi las panaderías, las carnicerías en cuyos mostradores de vidrio y metal, o de metal y plástico se veían pollos, conejos, gallinas, faisanes, gallitos, codornices, muslos, mollejas, todo muy apetecible y listo para entrar en el buche humano. De nuevo vi las rotiserías, las charcuterías, las pizzerías, las queserías, las floristerías, las pescaderías, las fruterías, los hoteles, las tiendas de lencería y más carnicerías y mas pollerías antes de los supermercados… ¡Stop! Ahora, el concentrado monje shaolín filosofa. Recordemos que todo lo que nos molesta de otros seres es sólo una proyección de lo que no hemos resuelto en nosotros mismos (Facebook), recordemos que si ya sabemos lo que tenemos que hacer y no lo hacemos, entonces estamos peor que antes (Op. cit. ib.), recordemos igualmente que el hombre es el pastor del ser y que el dios pesa en la piedra, crece en la planta, respira en el animal y piensa en este bicho lampiño o velloso, poco importa, pero de todas maneras implume, ¡el famoso bípedo implume de Platón!… ¡Viva Facebook! ¡Viva el Libro de Caras donde a veces encontramos fotos o sentencias increíbles! ¡Y qué viva Wikipedia! ¡Diógenes con un pollo desplumado diciéndole a Platón, entonces, segun tu definición, este pollo pelado es el ser humano! ¡Martin Heidegger! ¡Gandhi! ¡Confucio! ¡Buda! ¡Erudición y sabiduría oriental al alcance de un clic! En ese momento, Osler nos dijo, nos dice ya listos, listos, prepárense, luces, cámara, acción, en treinta segundos salimos al aire, luego se despidió de unos cuates mexicanos que manifestaban o iban a manifestar por nuestros primos los Chiapas en París limpio de agua y cero, y soltó su voz de seda perfectamente modulada, muy agradable al oído, no la voz de un profesional de la vocalización sino la de un artista de la entonación, de la sincopada y segura dicción, sinceramente de la putamadre, qué envidia, recién entendí por qué el Conde de Yungay o Maletero de la Courneuve lo llamaba « micro de oro », era por esa voz, las ondas en el aire, por las ondas invisibles, las ondas en el espacio sideral como la música de las esferas de los Pitagóricos, ¡y que a nadie se le ha ocurrido reconocer como un arte! Al aire, pues. Estamos en el aire. Primero, saludamos al distinguido público invisible o mejor dicho a sus cuencas auditivas. Enseguida, Luis Carlos hace una sobria mini biografía, luego una bibliografía de los libritos publicados por este jugador. Yo digo algo al respecto pero ya no me acuerdo qué. Luis Carlos habla de la presentación de Calcinación y luego interviene el Nuevo Demonio de los Andes, Brujo de la Courneuve o Conde Chavín. Con cierto vicio, cita un versículo de mi libro Cadastro, ese que dice « París, bella patria de demonios » y, ¡záz!, me pregunta con una risita medio cachasienta si yo también soy un demonio, a lo que, descomputado, respondí no me acuerdo qué, ah sí, respondo que el artista es el hermano del loco y del criminal y que sí, claro que sí, no faltaba más, cada quien y cada artista en especial no es un demonio sino que está como habitado por cualquier cantidad de demonios, pero que demonio del latín X y del griego X era una buena palabra en el mundo griego, puesto que designaba al genio tutelar de cada quien, ¡paf! Franklin no se tiró p’atrás y contraatacó con uppercuts y ganchos al hígado, cuando de manera inoportuna, en plena emisión radial, sonó su celular o móvil, sale, contesta y regresa riendo diciendo es uno de tus hinchas, poeta de carpa de los Hijos de don Quijote ja ja ja, poeta más chicha que ron ja ja ja, dice que bien hecho, que te cagué ja ja ja, y se sentó, satisfecho de su hazaña. Luis Carlos preguntó por el origen del título este de Cremación, Crepitación, Chamuscación, y le digo que compuse ese libro al salir de unos espantosos infiernos psíquicos; luego, Franklin saludó y envió besitos volados radiales a través de las ondas a Machito, a la Bruja, a Quintanilla y hasta a Vargas Llosa, refiriéndose a mi famosa crónica La fiesta del Chivo en París, y dijo sí, sí, sí, todo flagelado, lo que cuenta el Chivato de Marsella en La Fiesta de los chivatos, es cierto, ¡pero ahora ya dejé de chupar!, supongo que pensó y no lo dijo, bueno, un comercial y regreso. Ya regresé. Seguimos dialogando un rato y concluye Osler invitando a los radioescuchas a la presentación. Y yo todo emocionado. Nos dirigimos al salir de la radio al bar de la esquina (pasando frente a las puertas abiertas de un cementerio yo casi grité: ¡Aquí se acaba todo el orgullo y toda la vanidad!, porque algo así había visto hace poco en el Libro de Carambas) donde nos echamos un par de copetines de rosé, y ya. ¿Y el Conde de Montecristo de la Courneuve? Como ya no chupa (« Tú también tira a Baco por la ventana y orínalo » me aconseja), pidió un café; luego los cuatro nos zambullimos en las vísceras de cemento de Lutecia, rumbo al centro de la Tierra –como diría Guillén de Alfarache.

 

      Tipo doce llegué medio prendidito y sobre todo contento al super depa con una baguette y una pieza de chancho asado adquirida cerca de la rue du Poteau, creo que en la rue Trétaigne, les preparé un arrocito, una ensaladita, descorché un vinito tinto pero sólo me tomé media botella, luego siesta, ¡todo el mundo a dormir que esta noche hay fiesta! Semicalcinado, al toque me puse a roncar según mi bello Lechón.

 

      Ahora volvemos a la presentación de Cremación (del espíritu) en la cava del Inti Boutique, donde, según José Rosas, hubiera sido preciso empujar las paredes, aunque estaba dificilito. Luego de una recitación inaguratoria y de la emotiva intervención de Pepe en la que se refirió al aspecto báquico y celebratorio de mi obra y también, de passarella, al aspecto tanático, Jorge intervino leyendo un análisis digno del nombre, esclarecedor y penetrante, tanto así que mi Lechón al final de la presentación le preguntó cómo así que me conocía tanto, a lo que Jorge replicó simplemente que me había leído seriamente, aunque este poeta ocioso no es serio para nada,  ja ja ja se rió Lechón, el arte es lo más serio del mundo pero el artista es el pata menos serio del mundo, gracias Oscar Wilde, tú no Wikipedia, que de eso no sabes, pero ahora está leyendo Lenin con muy buena dicción y dominio escénico su acucioso análisis a propósito de Chamuscación Quemazón, todos aplaudimos y la verdad es que Johnny Pacheco, emocionado, daba abrazos y palmaditas en el hombro a cada presentador después de su respectiva intervención, mientras que Kavawil filmaba nuestro show hasta rodando por los suelos, o a veces como el Hombre Araña, y también Lenin cuando estaba en la banca, y también Alberto Cary que después me hizo un interviú destinado, dijo, a Youtube (Tú tubo), sale dentro de una semana máximo, es para los latinos de Nueva York, ah carajo dije yo, y canté una canción, ¡Copa Perú! ¡José Gálvez es campión! Después de Lenin, Abel cerró nuestro show con una muy buena intervención, luego Johnny Pacheco de nuevo, lectura de unos cuantos poemas, ¡y ya! ¡Se acabó! ¡Ahora los aperitivos! Generosamente, el Inti Boutique de Fred y Ricardo se portó con seis, ocho, no sé cuántas botánicas de vino Tacama patrio, con algunos bocadillos también, y después cada quien empezó a disparar, compra y compra botella tras botella, ja ja ja, ja ja ja, qué lindo barullo, que animación, qué bulla tan bonita, yo estilo mozo somoza sirviendo la sangre de Cristo a la concurrencia sedienta, cuando me di cuenta que hace rato no veía a mi hermoso Lechón, ¿qué pasó? ¿Dónde está mi Lechón? Estaba por subir a buscarlo cuando Cary me filmó y entrevistó. Y después de nuevo sirve que sirve, salú salú, ¡salú!, las botánicas circulaban con ritmo y velocidad, hasta que abandoné mi puesto de servidor, vertidor, escanciador y subí, solapa, despacio, como que me las olía. Mi Lechón trataba de sacudirse de un pata que la acosaba un poquito. Como quise saber lo que decía el pata, aguzé la orejita y no subí más, sino me veían. El poeta que ha presentado su libro es un mediocre, dijo la voz de un patín llamado Diego a quien bautizo desde hoy y para siempre, o sea hasta lo que duren estos corpachones respirando antes del ¡záz!, Diago. Ah carajo me dije, a este pata ya no hay que darle más trago, pero qué chucha, que siga diciendo huevadas, total borracho no vale. Diago aparece inmortalizado en una bella foto en blanco y negro tomada por Anouk, se puede apreciar en el muro de mi Facebook o Mágico Libro de Caras del pasado 15 de enero. Este patín tiene, en la diestra, un frasquito o chata de whiskitiwiski, y ya se le nota prendido, o mejor dicho macerado. Seguimos con esta foto. En primer plano aparece el Nuevo Demonio, Diablo o Satanás de los Andes junto a una representante de la Asociación Lupuna; detrás, mi Lechón y mi Niña Diabolina; detrás, el poeta Luis Miguel Hermoza y compañera, frente a Diago; detrás, el poeta José Rosas; detrás, Ada madrina; detrás,  junto a una hermosa fotografía, dos personas que aún no conozco; junto a ellos, con una pañoleta de boy scout enroscada al cuello, un poeta llamado Mariano que me presentaron esa noche, y que andaba medio tenebroso, medio tanático. Para información general paso a contar, amables radioescuchas, algo sobre este jugador, que Diago, necesariamente, ignora. No creo que sea o haya sido Diago un verdadero clochard; en cambio, yo sí, la última y pasada era glaciar. Yo me vanaglorio de haber rodado borracho por las calles empedradas de Lutecia. Vestido con pieles de oso, salí a buscar en la más profunda noche una voz, y lo hice arrancándome a la vorágine del insomnio y de los nervios. Respétate, Diago. Aquí en París este jugador ha sido clochard. He dormido bajo los puentes con calzoncillos de hojalata para que el clochard vecino no me culee por descuido, un Yves le Corse por ejemplo, un Polonais le Tueur, un Nat, que en verdad se llamaba o se llama Nathalie (si no ha muerto), mujer medio bigotuda originaria del Pas-de-Calais, poseedora de una pinga de plástico, que solía distribuir varillazos de fierro, o que alzaba esos peones de fierro y te agredía con ellos, de modo que como bien comprenderán los radioescuchas, Diago es un calichín para mí, al menos en términos de clochardería parisina. Además, actualmente soy capataz de Alcatraz donde trabajo y hago trabajar a la crema y nata de los más eximios o mejor dicho perdidos borrachines franceses y foráneos, con los más eximios o perdidos drogos, con los recién salidos de la cana, con los violadores de Rognes, con los bronqueadores de Saint-Cannat, con los jóvenes achores afromorofranchutes de los barrios duros de Marsella, con los expectorados por los hospitales psiquiátricos o manicomios, con la crema de cremas del lumpen, con los abandonados entre los peores abandonados, por eso me identifico contigo, por eso te acepto tal cual eres, porque el artista es el hermano del loco y del criminal aunque tú no seas ni lo uno ni lo otro, todavía te falta, como dije esa mañana en la radio empuñando mi micro de oro, citando a Thomas Mann o a un prologuista propósito de su obra Doctor Faustus. Respétate, Diago. Si no te respetas, ¿cómo chucha vas a respetar a los demás? Me huele que el famoso respeto te importa un culo; si tal es el caso, ignórame. De todas maneras, pondera y admira estas cúspides de mi curriculum vitae para que no te vuelvas a huevear, ¡ni aunque fueras poeta!, y logres respetarte si te interesa. A propósito, fieles radioescuchas, me pregunto si Diago es poeta. Podría ser pero lo dudo. Más bien, lo siento como una especie de artista sin obra, como alguien muy sensible, muy concernido por la esfera del arte, y que frecuenta amigos artistas, un poco tipo Jacques Vaché; también me intriga su nacionalidad. ¿Perucho? No creo. ¿Colocho? ¿Made in Chile? Tampoco creo. ¿Franchute? Por la carucha podría ser celta, pero no creo. En todo caso, queridos radioyentes, Diago es sudaca, de eso estoy seguro a cien por ciento. Si lo ven, dénle trago y amistad ¡En eso Diago y este jugador nos parecemos! ¡Diago! Mon semblable ! Mon frère ! ¡Sigue siendo como eres! ¡En eso radica tu grandeza!

 

      Del Inti local salimos a la lleca porque ya medio la estábamos cagando adentro, parece incluso que alguien metió mano a la reserva de vinoquios que yo vigilaba mimo cancerbero, en fin, la celebración podía degenerar en cualquier momento, ¡afuera la seguimos! ¡Salgamos! ¡Viva la calle de la Picardía!, y como decía salimos a la calle donde seguimos chupando no sé hasta qué horas, diez, once, once y media, y por último nos dispersamos rumbo a un chifa, ah, y poco antes Diago estaba jugando con Niña Diabolina, en verdad medio jodiendo aunque borracho no vale, hasta que medio me achoré y casi lo saco al fresco, pero en fin, nos dispersamos, unos rumbo a la casa de Luis Miguel o la casa de Diago quien, estimados oyentes, después de maletearme se la pasó dragando a mi Lechón… ¡Serrucha serruchero! Pero en fin, ¡ya tengo costumbre!  ¡Muchos quieren comerse a mi divino Lechón! ¡Normal! ¡Nada más normal! En pasando frente a la boca del metro Temple, toccatta y fuga, procedí a un escape a la inglesa pues teníamos, mañana domingo, un super almuerzo en casa de mi compadre Huguito que no pudo venir esa, esta o aquella noche. Obviamente, mis fieras tenían hambre, de modo que en apenas emergiendo del metro Jules Joffrin, rumbo al super depa nos metimos en un buen restaurante de servicio diurno y nocturno ininterrumpido donde comimos muy rico y mi divino Lechón medio se atragantó, uf, un susto y nada más, luego a jatear.

 

      Al día siguiente llamé a Hugo tipo doce menos diez, ¿aló? ¿Aló? ¿Aló? ¿Compadre Huguito? ¡Hola mi hermano! contestó muy entusiasmado, muy alegre, para decirte le dije, que llegaremos tipo una, ¡y ya casi son las doce y ya necesito una chela bien elena para cortarla!, acá los esperamos dijo Huguito, ya conoces, la casa es chica pero el corazón muy grande, van a venir Carlos, Papá Torres y Albita, Miriam, Ingrid y su esposo, un pata bien bacán, y el Chino Mario por supuesto, también le dije a Pepe, pero ya no hablemos y vengan pronto, al toque, los espero dijo, y colgó.

 

      Del metro Jules Joffrin (hombre político franchute nacido en una división administrativa increíblemente llamada Vendeuvre-sur-Barse, graciasWikipedia) hasta Madeleine y de allí directo hasta Boucicaut, yo iba muy alegre y mis fieras más que contentas. En la entrada del edificio nos encontramos con Huguito que había bajado a comprar unas baguettes, ¡qué gusto, mi hermano!, esta es mi Media Naranja y esta nuestra Niña Diabolina dije presentándole a Euriale y Esteno, mis gorgonitas, ¡Medusa es la más célebre porque era la única mortal! ¡Te transformaba en piedra! ¡De nuevo gracias, Wikipedia!, mis adorables mujercitas gorgonas ganadoras de una guerra contra los cíclopes. Y subimos. Por el momento, sólo estaba Carlos Quiroga, nos saludamos efusivos, procedí a las presentaciónes, y de inmediato empezamos a chelear firme, esperando a los demás, Carlos hablando de su último viaje al Perú, hasta que fueron llegando los invitados y cuando fui al frigo a sacar una chela me gané con el pase: dos botellas de un excelente champagne rosé, ¿y éso? ¡Para festejar el cumpleaños de Papá Torres! ¡Que fue ayer o anteayer! ¡Feliz cumple Papá Torres! Papá, feliz, contaba algunos episodios de su espectacular visita a Marsella allá por el 2004, cuando me rayé, cuando se me corrió la teja, cuando se me botó la canica, cuando fui trepanado por los cielos,  en fin, riesgos en este negocio de ser artista, ja ja ja me reía yo, ja ja ja se reía el marido de Ingrid, ja ja ja reía hasta mi Lechón, cuando llegó Miriam. De inmediato se procedió al descorchado de unos prestigiosos Gevrey-Chambertin de no sé qué año, un Bordeaux (¿Un Pomerol?) de no sé qué año y un buen Côtes-du-Rhône del 2009 que traje yo, para que se vayan ventilando u oxidando, pero ahora que recuerdo mejor creo que mi compadre Huguito, conocedor, ya las había descorchado. A todo ésto, pistachos, maní, aceitunitas con los aperitivos, compadre Huguito le dije, nosotros nos vamos tipo cinco porque tenemos otro compromiso, no hay problema mi hermano dijo Hugo, de acá también nos arrancamos a esa hora rumbo a una fiesta colombiana, ¡uy! ¡Uyu yuyu yuy! ¡Qué envidia!, dije yo, ¿y ustedes?, quiso saber Huguito, nosotros vamos a la casa de Chabuquita que nos ha invitado a comer, bueno mi hermano dijo Huguito, sírvanse, no, perdón, yo sirvo, siéntense, acérquense, acomódense, aquí está el rocotito (una mágica crema de rocoto auténtico, ¿cómo lo habrá traído?, pensé con sana envidia, ¡cuando yo llego a Marsella me revisan todo! ¡Y si traigo ají amarillo, rocoto o papas amarillas, me lo botan! ¡Una vez me botaron hasta la maca porque la traje en bolsa!) que pueden echar encima de la crema de la huancaína dijo, y así fuimos dándole trámite a una de las especialidades de Huguito, unas primorosas papitas a la huancaína con su crema más la crema del rocoto, ¡uy! ¡Qué rico! ¡Qué delicioso!, empujada por nuestros gaznates con sus respectivos vinos, y así primero fuimos dándole trámite al Côtes-du-Rhône, reservando el Pomerol y el Gevrey-Chambertin de la cava personal de mi compadre Huguito para una riquísima pachamanca a la olla, ¡uy! ¡Qué delicia! ¡Sinceramente de la putamadre compadre Huguito!, creo que se me fue un poco la mano con el vinagre mi hermano dijo Huguito, no, no, no, ¡está de la reputamadre!, y bla bla blá, bla bla blá, bla bla blá, después me das tu dirección postal normal porque quiero enviarte un ejemplar de Calcinación le dije a Miriam, ayer no pude venir a tu presentación dijo, porque tuve una reunión en la librería Shakespeare & Company que se prolongó y se prolongó, no importa dije, otra vez será, cuando fuimos dándole trámite a lo que quedaba de la suculenta pachamanca a la olla, luego a una super torta parecida a las tortas heladas de la infancia para festejar el cumpleaños de Papá y, ¡ploc! ¡Ploc!, dijeron las botellitas de champancito rosé made in Gabacholandia, qué linda reunión, así podrían ser las reuniones entre amigos, pura risa, risa y risa, pura conversación, pura camaradería, pura naturalidad, pura borrachera de la buena y ¡juá, juá, juá! ¡Juá, juá, juá!, hasta que a nuestra Ingrid le dio la sentimental al recibir una llamadita y soltó algunas lagrimitas por un ser querido desaparecido, lo cual sensibilizó y emocionó a Niña Diabolina que estaba jugando en el cuarto con el hijito de una chica muy joven y linda, provecho Carlos, estaban viendo vídeos y películas, en fin, cosas de duendes, hasta que dieron las cinco y todos fuimos bajando todavía riendo gracias al dios, y gracias a nosotros, sus recipientes.

 

      Ahora, queridos radioescuchas, amigos de Facebook, Libro de Caruchas, Libro de Caramba carambita carambirulá, Libro de Carátulas, Libro de Caretas como la revista del mismo nombre, que bien puesto se lo tiene, Libro de Carantoñas, Libro de Carillas, Libro de Carantamaulas, amigos de carne y hueso, amigos imaginales, amigos visibles e invisibles, amigos pasados y presentes, quiero comentar brevemente dos lecciones que recibí en este viaje a Lutecia. Primero, la lección de mi compadre Huguito; luego, la lección de Martin de Inglaterra, el encantador compañero de Chabuquita. Ya no recuerdo literalmente las palabras que Hugo pronunció al respecto, es decir, respecto a mi eventual actitud como beau-père, padre bello, bello padre (elimino la fea palabra « padrastro » de mi léxico ) con mi Niña Diabolina, pero, ¡mensaje recibido, querido compadre Huguito! Fueron palabras sosegadas, experimentadas, sabias y totalmente pertinentes que me cayeron como anillo al dedo, como pedrada en ojo tuerto, porque siendo Johnny Pacheco aún infante tengo poca paciencia con otros infantes y cierta tendencia a querer repartir cocachos o coscorrones raspados, como hacía mi difunto tío Humberto, a mis semejantes. Me dejó muy pensativo mi compadre Huguito y me dije, putamadre, al menos en teoría tiene toda la razón como si hubiera aprendido de memoria  El Arte de tener razón de Schopenhauer, se ve que la maestra vida le ha enseñado lo que yo ignoro respecto a los monstritos. Yo también, bueno, un yo de antes, bueno carajo, yo no creo para nada que seamos la misma persona en el trayecto que concilia los pañales con el terno de madera, pero por comodidad voy a decir yo. En consecuencia: yo también he sido monstrito e incluso, a veces, sigo siéndolo, reflexioné, de modo que caballero. Tolerancia. Zen. Santa Paciencia. Uf, mimo Buda. Mimo Lao Tsé. Mimo Cristo no, porque una vez perdió la Santa Paciencia y empezó a repartir latigazos, no, eso no, la quiero mucho a mi Diabolina. Oxígeno celeste. Respiración celeste. Nirvana. Espacios siderales. Uf. La teoría de la relatividad. El Big Bang. ¡Fiat Luz ! Et Dieu créa la femme. Uf. De nuevo ¡Uf ! Empecé a comerme el coco y me di cuenta que el peor de los males, en este sentido, es el machismo increíblemente engendrado por el matriarcado, mierda, ¿qué chucha se puede hacer? Las mismísimas hembritas fabrican a los machitos. Por el momento, caballero. A seguir lavando bragas y braguitas. A seguir haciendo compritas. A seguir barriendo, aspirando y trapeando el apartamentito de cuando en cuando. A seguir lavando platos, copas, vasos, cuchillos, cucharas, tenedores, cucharitas, cucharitas de plástico, tenedorcitos de plástico, ollas, sartenes, platos y platitos, so riesgo de que nuestro genio muera ahogado, echando burbujas por la bocaza, en el agua de vajilla, como bien dijo, pero de otra manera, Virginia Woolf. A seguir queriéndolas, mimándolas, consintiéndolas, ¡pero sin que se pasen de la raya, carajo! A seguir haciéndoles, todos los días, sus comiditas. Y con amor, como siempre lo hago. Todavía zamaqueado por la lección de mi compadre Huguito, de nuevo me zambullí con mis dos diabolinas gorgonitas por la garganta del metro Boucicaut, rumbo al centro de la Tierra, luego rumbo a casa de Chabuquita. Prendido estaba, y como la antorcha olímpica, pero aún caminaba derecho, tanto así que hasta tuve el reflejo de comprar una buena botánica de Côtes-du-Rhône en la típica tienda del moro, al salir expectorados por la boca del metro Jourdain.

 

      La mamá de Chabuquita, un poco enfermita, estaba coloreando unos dibujos que de súbito me interesaron mucho. Johnny Pacheco es efusivo; quise abrazarla pero me retuve. Chabuquita, al enterarse que habíamos almorzado papa a la huancaína en lo de Huguito, de inmediato modificó su rico menú sin dificultad, ay qué pena dijo, yo estaba por preparar una papa a la huancaína, no importa Chabu le dije, lo que sea, lo que gustes, por el gustavo de estar aquí con ustedes, y gracias por la invitación dije, cuando llegó Martin de Inglaterra con dos botánicas de vinoquio y más chelas, amable y sonriente. Procedimos a chelear mientras mi Niña Diabolina, feliz, bailaba y creo que hasta cantaba en una habitación llena de música, salsa, bachata, perreo, reggaetón, y mientras la encantadora dueña de casa fabricaba en un, ¡tris!, una rica mayonesa verdadera, que degustamos con una ensalada rusa, luego arroz con pollo, nuevos vinoquios, hablando y hablando, y he aquí la lección. Puro mimo. Pura ternura. Puro afecto. Todo oídos y atención. Puro cariñito y, en especial, algo así como una aceptación total e incondicional y sin exigencias bárbaras (como las mías) sentí en la actitud de Martin respecto a su amada. Y yo qué huevón, pensé. Johnny Pacheco ha leído y sigue leyendo cualquier cantidad . En filosofía, mucho de Schopenhauer. En ensayo, Johnny Pacheco ha leído con lupa una obra llamada Le déclin de l’Occident de Oswald Spengler, recomendada por mi maestro Henry Miller. Por la putamadre, Johnny Pacheco ha leído tanto y tanto y sigue siendo un huevón. ¿Por qué no puedo hacer algo parecido y de manera constante con mi adorado Lechón en lugar de andar como perros y gatos por un quítame estas pajas? « Estar siempre en estado de admiración frente a nuestra Media Naranja », recordé que había escrito Ovidio, ese maestro de recontra maestros en menesteres del amor, ¡en estado de admiración! ¡Y yo pitiando y pitiando! ¡Tanta suerte tengo de ser amado por mi divino Lechón! ¡Tengo que releer a Ovidio con lupa, carajo! ¡Y no volver a hacer reclamos! ¡Jamás hacer ningún reclamo! ¡Jamás! ¡Las cosas nunca pasan como queremos sino como tienen que pasar! ¡Nada más! ¡Ahí muere el payaso! Además, tan amable y lleno de atención Martin, propuso, creo que ya lo había hecho la víspera en el Inti Boutique, dar una vuelta en coche para mostrarle a Niña Diabolina algunos hermosos pasteles de oro, edificios, esculturas, puentes, monumentos de París by night. Además, me regaló un excelente whisky añejo de doce o quince años, cuya marca ya recordaré. Como ya dije, llegué medio cocinao de casa de Huguito; luego, con el entusiasmo, Martin también se echó sus buenos copetines, de modo que, por prudencia, le cedió el volante a Chabuquita, conductora excepcional, super caña, y bella, bellísima, hasta la mismísima Torre Eiffel poco antes de las doce. A las doce en punto, la Torre pastora de puentes empezó a crepitar, la iluminación alucinante, toda de rayos dorados y medio anaranjados con haces de luz estilo Metrópolis y reflejos… ¡París by night! ¡Super Torre! ¡París, ombilico mundis! ¡Terra Nostra! Me dio mucha, mucha alegría ver y sentir la alegría y la gran admiración de nuestra Niña Diabolina, boquiabierta y maravillada viendo a la Torre pastora de puentes explotando dorada y eléctricamente, con todo su esqueleto de fierro estremecido, ¡y ya! Se tomaron muchas fotos, ¡y ya! Lo demás no me acuerdo porque me dormí y hasta ronqué en el coche de vuelta al super depa; de pronto, como por la magia de birlibirloque, abrí el ojo en el boulevard Haussmann y de nuevo me puse pesado, me puse a regañar a mi Lechón simplemente porque no le gusta el divino Marcel, aquí mismo vivió Marcel, empecé medio a gritar, aquí, ¡en este boulevard Haussmann!, lee A la Recherche tu temps perdu de cabo a rabo, a ver, díme al menos los títulos que la componen, a ver Lechón, a ver, hablemos de literatura en vez de estar como perros y gatos (al decir ésto, qué necio, no me daba cuenta que de nuevo la estaba cagando), mientras admirábamos París by night, sus pasteles de oro destellando en la oscuridad, les Invalides, le Panthéon, l’Opéra y creo que hasta el Palais de l’Élysée aunque para ser franco no me acuerdo, hasta que la magistral chofereza nos dejó en la rue Marcadet, ah, ya me acordé, el sublime whiskisay que me regaló Martin de Inglaterra era (y digo era porque ya fue) un Knockando Single Malt añejo de doce añitos… ¡Knockando! Según esta nueva versión de la Biblioteca de Alejandría llamada Wikipedia, es una voz de origen gaélico, Cnoc-an-dhu, que significa « pequeña colina negra », ¡y ya!

 

      Al día siguiente, en el tren de vuelta al sur, me acordé que en la presentación le había hablado, muy febrilmente entusiasmado, al poeta José Rosas de un libro genial que recomiendo a todo el público televidente y radioescucha, así como a todos mis amigos de Facebook, de un libro magistral, exquisito, del escritor mexicano Juan Villoro, titulado Dios es redondo. Presa precisamente de uno de esos entusiasmos que a veces inquietan, maravillan o sorprenden a mi bello Lechón, de pronto grité: ¡Viva Juan Villoro made in México D.F, pinches cabrones! ¡Y qué viva México lindo y querido, pinches bueyes! Una señora gala sentada junto a Niña Diabolina que veía filme tras filme en el ordenador portátil, como hablaba español, se ganó con el pase y se rio de buena gana, ¡y ya ! ¡Ahora sí se acabó! ¡Qué tales sábanas! ¡Veintidós paginitas! ¡Gracias a Inti Boutique por esta mi canonización! ¡Gracias a París! ¡Uf! ¡Qué buena inspiración! En cuanto a mi querido Lechón y a mi querida Niña Diabolina, pues de nuevo me las eché al bolsillo, ¡y ya! ¡Sanseacabó!

                                                                                                               Peyrolles, 19 de marzo del 2014

 

Nota biográfica.

 Miguel Rodríguez Liñán (Trujillo, Perú, 1961) es narrador y poeta. Cursó estudios superiores en la Universidad Central de Venezuela (Caracas) y en la Universidad de Provenza (Francia). Actualmente reside en Peyrolles en Provence (Francia).

Su obra poética es abundante. Ha publicado la novela Leyenda del padre (2001) y su traducción al francés La légende du Père (2011),  el poemario Cadastro  (2002), la novela Eva Nibelunga (2008) y otro poemario Calcinación en el 2013.               


 

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