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* CHEMIN SCABREUX

 "Le chemin est un peu scabreux

    quoiqu'il paraisse assez beau" 

                                        Voltaire 

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Publié par VERICUETOS

GARCILASO NUESTRO PRIMER ESCRITOR ENTRE DOS MUNDOS

  

Vericuetos dedica la edición de su blog para conmemorar la escritura de Los Comentarios Reales de los Incas, que cumple este año cuatro siglos de haber sido publicado. Su autor, un escritor mestizo que se debatió entre dos mundos; no siendo ni de aquí ni de allá, y por ello sin pertenencia definida. Pero al mismo tiempo esto que lo niega, es precisamente lo que lo afirma, porque lo hace transgeográfico, transcultural con consecuencia de universalidad, en razón de que es de aquí y también de allá.

Nació un 12 de abril de 1539, en el Cuzco, un territorio en un confín de la geografía del Perú que ocupa un gran espacio en la historia de ese país. El niño fue bautizado con los apellidos, Gómez Suárez de Figueroa, para honrar la memoria de sus ancestros maternos, ya que su padre, español de Extremadura, Sebastián Garcilaso de la Vega Vargas, trotamundos, se fue para las nuevas tierras en busca de fortuna, enrolado en la tropa real con el grado de capitán.

Muerto su padre en 1560, toma la decisión de viajar a España con un propósito bien claro: conseguir una pensión por los servicios prestados a la corona por su progenitor. Al año siguiente se instala en Montilla, donde fue acogido por su tío Alonso de Vargas, veterano de guerras y hombre de fortuna, de ahí que a su muerte en 1570, le legó la mitad de sus bienes. En 1563, luego de fracasar en su intento de regreso al Perú, tomó el nombre de su padre Gracilaso de la Vega.

En España adquirió una gran cultura, y por ello fue lector asiduo de los clásicos de Grecia y Roma. Aprendió varias lenguas empezando por la materna, el quechua, que la dominaba perfectamente, y luego la paterna, el español, que le permitió alcanzar el nivel literario. Su obra antes que todo es un texto de ficción cargado de imaginación, depurado y exquisito, para después ser memoria de los avatares del rincón del mundo de donde provenía, siendo el primer traductor oriundo del nuevo mundo. Llegó a lo inanimado en el mes de abril de 1616 en un día incierto que fluctúa entre el 22 y el 26. Su lápida sostiene que murió el 23. En ella está escrito que fue un insigne barón ilustre en sangre. Perito en letras. Valeroso en armas. Vivió con holgura, pues en 1612 adquirió la capilla de Las Ánimas en la Catedral de Córdoba para ser enterrado en ella.

Los Comentarios Reales de los Incas que él escribiera, constan de dos partes: la primera está dedicada al imperio incaico y la segunda a los conflictos y conquista de los españoles. Carlos III prohibiría su obra en 1782 por considerarla subversiva. Más información está contenida en los dos artículos que publicamos a continuación, en francés de Carmen Bernand, y en español de Edgar Montiel.

Gracilaso fue realmente un noble de color trigueño a causa de su sangre mestiza, que revindicó sus orígenes indígenas. Él mismo fue testigo de excepción de la tragedia de sus congéneres. Y qué ironías tienen la vida de los pueblos. Mientras preparábamos este modesto homenaje al primer escritor de América mestiza, su pueblo sigue soportando la misma violencia que sufriera quinientos años atrás.

Sentimos una profunda pena acompañada de horror, que nos avergüenza frente al mundo en nuestra condición de escritores y de latinoamericanos por los hechos que aún hoy todavía siguen muriendo los descendientes de los Incas por reclamar lo que les pertenece. Ha llegado la hora de que dejen de ser mayorías silenciosas. Dirigir el Estado es también su derecho con lo cual se pondrá fin al oprobio. Un Presidente peruano indio es la solución.

 

                                                                            París, 10 de abril de 2009

 




Los Comentarios reales de los incas
                                                                                                         Por Garcilaso de la Vega

PROEMIO AL LECTOR

Aunque ha habido españoles curiosos que han escrito las repúblicas del Nuevo Mundo, como la de México y la del Perú, y la de otros reinos de aquella gentilidad, no ha sido con la relación entera que de ellos se pudiera dar, que lo he notado particularmente en las cosas que del Perú he visto escritas, de las cuales, como natural de la ciudad del Cuzco, que fue otra Roma en aquel imperio, tengo más larga y clara noticia que la que hasta ahora los escritores han dado. Verdad es que tocan muchas cosas de las muy grandes que aquella república tuvo: pero escríbenlas tan cortamente, que aun las muy notorias para mí (de la manera que las dicen) las entiendo mal. Por lo cual, forzado del amor natural de patria, me ofrecí al trabajo de escribir estos Comentarios, donde clara y distintivamente se verán las cosas que en aquella república había antes de los españoles, así en los ritos de su vana religión, como en el gobierno que en paz y en guerra sus reyes tuvieron, y todo lo demás que de aquellos indios se puede decir, desde lo más ínfimo del ejercicio de los vasallos, hasta lo más alto de la corona real. Escribimos solamente del imperio de los Incas, sin entrar en otras monarquías, porque no tengo la noticia de ellas que de ésta. En el discurso de la historia protestamos la verdad de ella, y que no diremos cosa grande, que no sea autorizándola con los mismos historiadores españoles que la tocaron en parte o en todo: que mi intención no es contradecirles, sino servirles de comento y glosa, y de intérprete en muchos vocablos indios que como extranjeros en aquella lengua interpretaron fuera de la propiedad de ella, según que largamente se verá en el discurso de la Historia, la cual ofrezco a la piedad del que la leyere, no con pretensión de otro interés más que de servir a la república cristiana, para que se den gracias a Nuestro Señor Jesucristo y a la Virgen María su Madre, por cuyos méritos e intercesión se dignó la Eterna Majestad de sacar del abismo de la idolatría tantas y tan grandes naciones, y reducirlas al gremio de su Iglesia católica romana, Madre y Señora nuestra. Espero que se recibirá con la misma intención que yo le ofrezco, porque es la correspondencia que mi voluntad merece, aunque la obra no la merezca. Otros dos libros se quedan escribiendo de los sucesos que entre los españoles en aquella tierra pasaron, hasta el año de 1560 que yo salí de ella: deseamos verlos ya acabados, para hacer de ellos la misma ofrenda que de éstos. Nuestro Señor, etc.

 

Ver el libro completo :

 

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