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* CHEMIN SCABREUX

 "Le chemin est un peu scabreux

    quoiqu'il paraisse assez beau" 

                                        Voltaire 

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Publié par VERICUETOS

Narraciones cortas, Los grandes banquetes por Miguel Rodriguez, escritor peruano

 

BANQUETE PERSONAL

 

Todos los días –como si fuera la víspera del fin del mundo– invento un banquete personal. Res al caramelo con ají, por ejemplo, acompañado por un Beaujolais fresco. Arrocito nevado. Una ensaladita de berros. Después tomaré un café y fumaré alegremente, de cara al dios. ¿Una copa de Armagnac? ¡Por supuesto! ¡Después me sumerjo en las aguas de la siesta! ¡Y ya!

 

EL HAMBRE GENIAL

 

¿El hambre? Sencillamente genial, amigos. El rugir del vientre –a veces alborotado por gases oblongos– es síntoma de un correcto funcionamiento del cuerpo, o mejor dicho de su santidad. « Aparte de eso, el amor es una excelente receta para inapetentes », pienso admirando el arte del carnicero. Con movimientos muy precisos, corta exquisitas láminas de jamón al hueso. En las panaderías se dora el pan, ¡y en las queserías espera el queso!

 

CUZCUZ

 

Un gustoso cuzcuz con calabacín, nabo, col, pimentón, berenjena, zanahoria, garbanzos. La sémola sedienta como el Sahara absorbe el caldillo rojo y se infla. Hay bolitas de carne molida y sabores densos de cordero y de una salchicha árabe puesta en diagonal. Encima del morro de sémola, yace, espléndida como el oro, la pierna de pollo. Una botella de vino marroquí para matizar. Estamos a finales de setiembre, amigos. Millonario soy, es verdad, ¡sólo invierto en gastos! Ahora salgo a caminar. Ahora floto sobre los adoquines de la rue de la Verrerie, rumbo a un buen digestivo en la Place de la Mairie.

 

SOPA DE PATO

 

Laguitos de grasa, sustancia de huesos, ¡una suculenta sopa de pato! ¡Para que mis músculos se vuelvan fragantes! ¡Para que la sangre circule fuerte y me haga vibrar! Finos fideos amarillos, láminas de pato al horno, tallitos blancos y sabrosos, caldo sabroso, culantro, ah, esta venerable sopa con aroma de Vietnam. Un ajicito tailandés. Hojas de lechuga. Son las tres de la tarde del año cien mil, así que todo lo demás, ¡se va directamente al carajo! ¡Una sopa de pato!

 

BANQUETE BREVE

 

Banquete breve, diez minutos antes del servicio aquí, en mi centro de trabajo, restaurant Le Saïgon, 2 bis rue de l’Aumône Vieille, Aix-en-Provence, Francia, planeta Tierra… de pronto un pez azul como venido del espacio se mueve en las aguas doradas y verdes, en la luminosidad del acuario. Masco y masco el arroz blanco, el chancho suculento, los camarones agridulces, y bebo una copa de Haut Médoc 1987. A las doce y cinco, procedentes de otro planeta, llegan los primeros clientes.

 

VIVALDI Y EL MARRANO

 

¡Chanchito tierno! ¡Chanchito de carnita rosa, gustosa! Y copas de vino preparando este almuerzo del pleistoceno. ¿Por qué la carne del chanchito me hace sentir un ser muy tierno? Y mientras se infla el arroz, escucho las Cuatro estaciones de Vivaldi a todo volumen. Vivaldi también hace que me sienta muy tierno. Vivaldi violín y violoncelo, y del cielo decibelio… ¡Mi setiembre que se arrodilla como un fa menor ! Carne frita de chanchito, arroz, picante antillés, las Cuatro estaciones más sublimes que nunca… ¡Vivaldi y el marrano! ¿A qué más puedo aspirar?

 

COMUNION

 

La lonja de cordero se fríe ruidosa en la sartén, saltan chispas doradas. En el centro hay un hueso con médula dulce, caliente…¡Chis! ¡Chás! Levanto una copa de vino blanco de Alsacia –Pinot gris d’Alsace–, y mientras la chamusco correctamente, le añado la pimienta y la sal. Ahora, pongo agua a hervir para los tagliategli… ¡Ya está listo el banquete! ¡Pongo un mantel de lino en la mesa! ¡Ya terminé el blanco de Alsacia! ¡Ahora paso al Côtes-du-Rhône! ¡Tomo medio frasco en honor al cordero! ¡De postre, una pera! ¡Ahora siesta!

 

HAMBRE MAYOR

 

Controlando atentamente las frituras –tripas y bofes con azafrán y culantro–degusto un vinillo blanco de Provenza, y pienso muy serio en mi hambre mayor. Creo haber encontrado el origen en Bruselas, el año de 1983, cuando pasé casi tres días sin comer… ¡Me había gastado toda la plata y ni siquiera podía volver a Francia! ¡Y no me atrevía a mendigar! ¡Siglos han pasado y recién te pido disculpas, Anne-Marie Guisset! Todavía concentrado en estos recuerdos, volteo una por una las papas fritas, ¡ya está! ¡Una ensaladita! ¡Otro banquete!

 

HUEVOS DE PATO

 

Comienza la jornada a las nueve de la mañana, y he aquí los frescos alimentos: rodajas de piña, fresas y jugo de naranja, toronja, limón, miel. Un poquitín de gimnasia. Leo algunas cartas de Séneca. Ahora escribo un poquitín… ¡Hoy es mi día libre! ¡Igual voy a mi centro de trabajo! ¡Ya son las doce y media! Me ofrecen platillos al vapor y un vaso de jugo de piña con vodka. Ayudo un momento en el servicio, y después, a golpe de dos, el chef Ho prepara huevos de pato, huevo duros, con los oscuros embriones adentro, ¡y arroz blanco! ¡Y ají! ¡Una copa de vino de Provenza! ¡Hoy comí huevos de pato!

 

AGUA Y SILENCIO EN EL BANQUETE

 

Un excelente solomillo de 260 gramos, los bordes de grasita sabrosa, frito a la francesa, rojo por dentro, ¡Chís ! ¡Chás !, luego sal y pimienta. Segundos antes, mientras chirriaba y salpicaba el aceite caliente en la sartén, ¡una copa de Beaujolais! Ahora, examino el volumen dorado de las papas al horno. Una fresca ensaladita, siempre, tomate, lechuga, cebolla, perejil. Lentamente degusto el Beajoulais. Después, agua y silencio en el banquete.

 

OFERTORIO DE LA RES

 

Un ofertorio de la res con zanahoria y papas. ¿Cuál es el proceso de la res que se alimenta de yerba, de la yerba que se nutre de la tierra, de la tierra res de yerba, carne, agua, savia, mineral, res de tierra? ¡Y la función de la sal! ¡Y la función de la pimienta! ¡Res de tierra!

 

RESTAURANT CARILLON

 

La cestilla llena de plan blanco y dorado. La jarrita llena de fresco vino rosé. Pienso en el color dorado, magnífico, de los trigales en verano. Anoto lo que veo en mi libreta, y sobre el mantel de papel, trato de dibujar un caballo. Como un pedazo de pan y bebo una copa de rosé esperando el almuerzo. Del techo cuelga un macetero de cobre con hojas y rosas de plástico casi natural… ¡ya llega el banquete en los brazos de Joseph! ¡Calabacines gratinados con gruyère! ¡Luego niños envueltos rebañados en un exquisito jugo rojo, y papas al vapor! ¡De postre helados! Me gusta comer aquí, en tí, restaurant Carillon, en la esquina de la rue Portalis con la rue Chastel, ¡gracias, Joseph ! ¡Gracias, Gilbert! ¡Y gracias a tu esposa, la cocinera mayor! ¡Gracias también a la prima argelina que lava los platos! ¡Salud por eso! ¡Y salud contigo, rue Chastel!

 

FIESTA PERSONAL

 

Después de un suculentísimo mi xao con carnes diversas –pollo, res, chancho– y legumbres diversas –frejolito chino, zanahoria, cebolla, pimentón verde y rojo–, y la complicidad de un Château Lacoste rosé ideal, salgo a caminar para digerir. Cielo de sol y sombra, cielo azul, nubes, luminosos claroscuros, ¡qué belleza! Camino distraídamente por el centro de la ciudad, silbando y saludando a gente que conozco. A las tres de la tarde, un café, una copa de cognac y un cigarro en la Place de Cardeurs, dominado por la felicidad. De vuelta a casa, invento una fiesta personal con salsa, merengue y boleros para terminar. La euforia dura hasta las cinco menos cuarto, hora especial.

 

HOY ESTOY ENAMORADO DEL PAN

 

¡Mira este pan necesario, Miguel! ¡Este pan de algodón y de afrecho, dorado, un poco quemadito! Mira las semillas amorosas, el trigo amoroso, la tierra amorosa, las manos molineras, las manos del amase… Vuelan los panaderos, las cajas de cartón, las canastas harinosas, los triciclos de la infancia, y corre y vuela el pan con los geniales panaderos de la infancia, ¡y el pan bendito calla en las manos de una niña que no vi! ¿Cómo no habrían de pronunciarse las manos de los panaderos y también los niños traviesos, en esta acción de gracias? Vuela el vino, vuela el pan, vuela el algodón, vuela el afrecho, el agua vuela como el trigal, como el viento, como la nube y como el pan abierto, y mis manos en él, el pan y yo y los huevos fritos y el café, ¡ilustramos la mesa! ¡Hoy estoy enamorado del pan!

 

Narraciones cortas, Los grandes banquetes por Miguel Rodriguez, escritor peruano

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véronique 11/01/2017 23:51

Querido Miguel,saboreé la lectura,que hacia remontar gustos,vinos ,olores...desde el tiempo que me hablan mis amigos de tus manjares....un dia me invitas,otro te invito yo.....me vino mucha ternura por el carrillon ,,, que conocíamos muy bien omar y yo...besitos hasta prontito con una buena sandunguera....